Las muchas vidas de Giacomo Casanova

Amante, revolucionario e intelectual, Giacomo Casanova fue uno de los grandes escritores de memorias y su Historia de mi vida es un monumento a la literatura del yo.

VICTORIA D’ARC

Stefan Zweig señalaba que Casanova no era un genio por la forma en que narraba o describía su vida sino por el modo en que la vivía. Vivir para contarla, podría ser la fórmula garciamarquiana del mayor amante de la historia. Durante años, Giacomo Casanova relató esas aventuras, que fueron consignadas en las más de cinco mil páginas de Historia de mi vida (Atalanta), páginas escritas en francés que atraviesan aventuras, luchas, anécdotas, revoluciones y detalles de su vida íntima. Empieza con ese chico curioso que fue en su infancia, sigue con el sujeto sanguíneo de su juventud y llega hasta ese Casanova melancólico que mira hacia atrás y recuerda.

Melancólico o no, lo cierto es que Casanova tuvo muchas vidas. Fue novelista (llegó a publicar cuarenta y tres libros, entre los que se le adjudica la primera novela de ciencia ficción, Icosameron), tradujo la Illíada y también fue músico (violinista), creó la lotería nacional francesa y ganó una fortuna como nigromante, cabalista y astrólogo. Empezó la carrera eclesiástica en Roma al servicio del cardenal Acquaviva, pero también tuvo tiempo de ser embajador, matemático, empresario, médico, jurista, diplomático, filósofo, agente secreto, militar. Conoció la mayoría de las grandes ciudades y cortes de su época: la Berlín de Federico el Grande; la San Petersburgo den Catalina II y también vivió, al menos un tiempo, en otros lugares como Roma, Turquía, Polonia, Praga, España, Portugal y Londres. Nunca quiso quedarse un lugar fijo: “La idea de establecerme definitivamente en alguna parte siempre me resultó repulsiva”, escribió. Aunque no haya sido del todo cierto. Fue expulsado de muchas ciudades. De París, donde recibió la Lettre de cachet del mismísimo rey Luis XV, por la que le obligaban a abandonar la capital en dos horas y Francia en veinte días. De Varsovia, tras un duelo con un alto noble. De Viena, por intervención de la emperatriz María Teresa. Pero también, en sus largos viajes, hizo grandes amistades. Se acuerda una noche de vino con Wolfgang Amadeus Mozart y Lorenzo da Ponte y las indagaciones de éste por sus anécdotas sexuales para incluirlas en la ópera Don Giovanni.

En su época, Casanova fue célebre por este capítulo de su vida, tanto, que le pedían que contara su historia en las mejores fiestas de la alta sociedad de Europa. Según se dice, mantuvo relaciones sexuales con más de un centenar de mujeres, o al menos ese es el número que recuerda. Algunos historiadores cifran entre 120 y 150 las mujeres con las que tuvo relaciones hasta cumplir los cincuenta años, edad con que terminan esas memorias. En estas memorias, Casanova escribe una frase que vale la pena remarcar: “Yo trato a las mujeres como seres iguales, pero las desvisto como seres superiores”. Nunca se olvidó de la primera mujer con la que estuvo, esa Bertina de Padua, que tenía treinta años cuando él acreditaba once. Y recuerda el consejo que esa mujer le dio: “El órgano sexual más poderoso es la imaginación”. Quizás sea una clave para leer estas memorias, como propone Félix de Azúa en el prólogo a partir de la pregunta: ¿Es cierto todo lo que Casanova cuenta en su pretendida autobiografía? Para él sería estéril plantearlo de ese modo. “Historia de mi vida es, además de un documento de singular importancia sobre la vida europea en el siglo XVIII, también es una obra maestra literaria, un relato que conmueve, exalta, divierte, inspira, solaza y excita tanto la lujuria como el raciocinio”. Una historia de potencia biológica. Historia de mi vida se compone de dos volúmenes con un total de 3.648 páginas en un estuche contenedor, que también incluye Los últimos años de Casanova, de Joseph Le Gras y Raoul Vèze quienes, en un estupendo resumen que recoge todo cuanto Casanova no llegó a contar en sus memorias desde su llegada a Trieste en 1773, hasta el día de su muerte el 4 de junio de 1798.” Es posible que ningún otro hombre en la historia haya dejado un testimonio tan sincero de su existencia, ni haya tenido una vida tan rica, amena y literaria junto a los más destacados personajes de su tiempo”. En ese sentido mantuvo fervorosas charlas con Voltaire y Rousseau, se codeó con Benjamin Franklin, fue camarada de Federico II de Prusia y compañero de Madame de Pompadour, la que fue amante de Luis XV, de la que Casanova escribe que el propio rey dijo de ella “que no creía que hubiera otra mujer en el mundo que supiera proporcionar goces semejantes”.

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