Formas breves

Una poética de la desnudez y la casualidad en los apuntes de Salvador Garmendia

Maximiliano Crespi

En uno de los primeros ensayos de Las Sagradas escrituras (1993), Héctor Libertella dedica varias páginas a la descripción de los principios y formas de transmisión e inscripción en la tribu. En tal contexto, se pregunta qué singular cambio de lecturas (menos orientado a los nombres del corpus que a la posición de lectura) se produjo en Salvador Garmendia para que se operara en él (su obra) una torsión narrativa tan brusca e inesperada que deriva en la emergencia de un sujeto en reflexión, quebrado, vacilante y fascinado con la transmisión de su propia intriga a los textos de su tribu. La acción y el gesto vivo vuelven del pasado en una visión fascinada con su propio reconocimiento en los hilos de una red de contención —la ambigüedad del término elegido se corresponde en efecto con la de su fascinación.

El lenguaje narrativo y reflexivo de Salvador Garmendia arranca formas de la red del pasado y las pliega y reactiva en la forma de su propio presente. La suya es una escritura que se escribe sobre y con escrituras, que la extiende y la distiende en digresiones sobre resonancias nuevas. Un ejemplo claro de eso es el singular conjunto de “anotaciones al margen de otras historias” que, bajo el título de Tan desnudas como casuales, acaba de editarse por el sello argentino Los cuadernos del destierro.
Editado con una estética que no escatima recursos (que, además de imágenes, partituras y tipografías diversas incluye, al comienzo, un código QR que remite a un “Glosario garmendiano” y, más adelante, otro que lleva a una serie de “Ensayos visuales” de René Magritte y Joan Miró, disponibles en la página web de la editorial), el pequeño volumen contiene una singular selección de textos realizada por Elisa Maggi y brevemente prologada por Danny Pinto-Guerra. Los fragmentos reunidos dan el efecto de diario de pensamientos lacónica que, como diría el poeta José Antonio Ramos Sucre, se suceden como “disparos al aire”, ocurrencias que tocan diversos temas con gracia despareja. Garmendia es un escritor que responde a temas universales como el sentido de la vida, la muerte, el arte, la filosofía, la memoria o el propio arte de escribir. Y si sus respuestas son desparejas, lo que las sostiene es la densidad de un tono y una sintaxis aforística. El aforismo es, para Garmendia, el género del pasaje: el modo de enunciación que habilita los enlaces con los nombres y los temas de la tribu. Pero no porque vuelva sobre ellos sino porque insiste en su principio constructivo: no escribir jamás sin que la pregunta por el sentido de la escritura esté deliberadamente en juego.
En este punto, Tan desnudas como casuales se liga en efecto a ese desconcertante mapa libertelliano donde conviven de manera irreverente Borges, Lihn, Lezama Lima, Elizondo, Gusmán, Paz, Carrera, Sarduy, Aira, Fuentes, Lamborghini, Perlongher y García Márquez, entre otros. Las anotaciones de Garmendia allí reunidas tienen algo lieder (“ideas en movimiento”) y algo de aforismos. Exponen reflexiones que acompañan y acompasan “pequeños pasos narrativos” y articulan tanto una exquisita flexión formal —presentada íntegramente, casi a la manera de un ars poetica (“El aforismo es semejante al pensamiento en situación de insomnio. Las ideas van encontrando sitio como por azar en un marco que sabemos debe contener un paisaje, aunque su contenido se adivine en el trazo de uno que otro fragmento, no siempre duradero. Cuando, finalmente, la última porción encaja el sonido de la pieza terminada, más bien una insistente reverberación nos advierte que la misma se independiza en este momento y comienza a operar por su cuenta”)— con una intención estética irreductible al modelo lineal de comunicación pedagógica (“El aforismo no se borra con la mirada del lector. Su propósito consiste en ganar partidarios, aunque no pareciera convencer de más: el hecho es que la sacudida que atraviesa sus fibras y se esparce en nosotros lleva consigo su propia negación. Lo que dice es lo que no dice, y ambas caras opuestas se lo juegan todo a ganar”).

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