La crítica como pulsión de vida

Memoria, arte y feminismo en el nuevo libro de Nelly Richard.

Bibiana Ruiz

Desde hace poco más de un mes Chile vive algo parecido a un encantamiento. El triunfo de Gabriel Boric en las elecciones presidenciales no solo permitió que buena parte del pueblo festejara, sino que también les dio a los ciudadanos una esperanza. De que algunas cosas terminen, de que otras cambien, de que se visibilice un horizonte con una perspectiva distinta, inclusiva pero, y por sobre todo, de que las revueltas sociales y el lema de las protestas “Chile despertó” no se diluyan. Algunos analistas hablan de juventud, de renovación de la política; otros de sembrar las bases para una sociedad colaborativa en la que ninguno de sus integrantes quede afuera. La transformación, el cambio que se vislumbra, no se dio con la elección, más bien fue el resultado de la misma lo que consolidó la unión, la lucha y el estallido que vienen copando las calles de varias ciudades chilenas desde hace rato.

Nelly Richard nació en Francia a mediados del siglo XX pero vive en Chile desde la década del setenta. Es docente, ensayista y una de las exponentes más lúcidas y originales de la crítica cultural latinoamericana. Fue quien le dio forma teórica a la Escena de Avanzada, principal referente experimental del arte de resistencia a la dictadura militar durante las décadas del setenta y ochenta. También fue la fundadora de la Revista de crítica cultural (1990-2008) y dirigió el Magíster de Estudios Culturales de la Universidad ARCIS, en Santiago (2006-2013). Durante muchos años, las palabras de Richard expresaron la frustración que el pueblo chileno no podía explicitar. Ella conoce mejor que muchos esa zona de tumultos: “es el trabajo de la crítica cultural el que permite distinguir entre las imágenes fijas del pasado literal que se transmiten -por vía de la repetición- como mito o leyenda y las operaciones transfiguradoras del recuerdo que, desconfiando de toda monumentalización del pasado, se dedican a desembalar y reensamblar escenas y fragmentos para que, de sus junturas y desuniones emerja una memoria siempre inquieta y disconforme”.
Como adelantada a la historia, en el prólogo de Zona de tumultos, memoria, arte y feminismo (CLACSO) Nelly Richard cuenta que le tocó seleccionar y ordenar los textos que conforman el libro “en tiempos que son de crisis y excepción. Pese a haberse visto interferido por la pandemia (el vaciamiento de las ciudades y el aislamiento de los cuerpos; el disciplinamiento social y la precariedad de las vidas indefensas), el espíritu de la revuelta social que estalló en Santiago de Chile en octubre de 2019 sigue activo como desborde, advertencia y promesa”. Es que la publicación recopila textos de Richard desde el momento en que publicó su primer libro sobre arte y política en dictadura, en 1986, hasta el año 2020, cuando se sintió llamada a reflexionar sobre cómo entrelazar el archivo vital de la revuelta social con la necesidad política de diseñar una Nueva Constitución que borrara el sello autoritario y excluyente del modelo decretado por Pinochet. Leerlo en un presente que es pura incertidumbre y conmoción es descubrir que la pluma de Richard no se calló nunca y que su construcción de relato a partir de la crítica es una especie de potencia de intervención político-intelectual cuyos ejercicios de desmontaje de los signos buscan “transformar las configuraciones predominantes modificando los vínculos establecidos entre cuerpos, subjetividades, discursos e instituciones”.

El libro está dividido en tres partes bien delimitadas: Consenso neoliberal y revueltas de la memoria, Pensamiento artístico y Feminismo, género y disidencias. Los textos van de la experiencia personal a la memoria colectiva, revelan intervención política y manifiestan que Richard, a diferencia del neoliberalismo chileno, nunca estuvo dormida. También nos cuentan que su pluma jamás se calló y que ella misma encaja en su “siempre fueron las mujeres las que se las ingeniaron para sobrellevar las crisis”. La autora se hace cargo en esos textos de un itinerario feminista que, en Chile, “estuvo profundamente marcado por el rol de las organizaciones de mujeres que lucharon vigorosamente contra la dictadura y que, además, introdujeron la problemática de género en la escena del debate político de la reapertura democrática”.
En una entrevista reciente, Boric declaró que su gobierno hará un giro de timón respecto de la lógica neoliberal del sálvese quien pueda en la sociedad y que se vienen reformas estructurales, entre ellas una constitución nueva que “consagre derechos sociales universales, que defienda la libertad y la igualdad”. En Zona de tumultos Richard propone indagar en lo que significa pensar en tiempo presente y analiza el rol de la crítica, que se propone estimular procesos de lectura que favorezcan el disenso creativo y político de subjetividades emancipadas para no solo cuestionar “el orden dominante como el exterior a combatir (ayer la dictadura, hoy el neoliberalismo), sino también revisar, internamente, las estructuras y fuerzas que atraviesan nuestras propias composiciones de tiempo y lugar”. En suma, Zona de tumultos es un texto polifónico en sintonía con la actualidad que le hace lugar al análisis y manifiesta el compromiso de la autora con un tipo de crítica posicionada que se asume como cuerpo y como operación: “desarmar y recombinar anversos y reversos para abrir cada presente hostil a sus devenires-otros”. Son los sucesivos desencajes, recomposiciones y fracturas de procesos históricos y sociales, de ordenamientos políticos, de formulaciones teóricas y de aventuras estéticas los que forman la historia incompleta que cuenta el libro sobre convulsiones de la memoria, el arte y el feminismo. Como si todo esto fuera poco, el texto expone también que Nelly Richard es una gran lectora de momentos, sucesos y circunstancias y enseña, además, lo determinante que ha sido siempre —y es— su trabajo.

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