La conversación infinita

El nuevo libro de Tununa Mercado reúne una serie de textos que reactualizan su diálogo con la literatura y la cultura política argentina.

Paula Puebla
Tununa Mercado

Editados por el sello español Miluno, con prólogo y compilación del investigador Facundo Giuliano, los textos de Tununa Mercado en El vuelo de la pluma (2021) reaparecen para intervenir en el discurso público con pertinencias de género como un eslabón fundamental de la genealogía feminista local. Ni vaca sagrada ni arribista de nicho: el de Tununa es un tipo de trabajo sin fecha de vencimiento. Historiza, sí, pero también perfora ahí donde las verbas actuales sacralizan o vuelven panfleto. Divulga, sí, pero sobre todo problematiza donde el coro contemporáneo no deja de cantar consignas contagiosas. Sus textos son como un flujo de agua que buscan primero acariciar el borde para después hundirse en la fisura.
Escritas en una prosa invitante, generosa y casi conversacional, las ideas de Mercado se labran mediante “una pluma que enseña a hacer del yo un lugar de hospitalidad”, donde las categorías conocidas quedan desdibujadas para ponerse al servicio de un pensamiento que transgrede, que desboca, que desborda, que des-genera. Lo dice con claridad Giuliano: “la escritura se manifiesta como una unidad que puede andar libremente y tomar forma de nota periodística, de apuntes artísticos, reflexiones librescas, intervenciones políticas, poemitas barriales, pequeños ensayos o imponentes relatos”. Artículos originalmente aparecidos en la conocida revista mexicana fem, intervenciones públicas, ponencias y entrevistas atan las notas del exilio de Tununa con los “climas de la militancia” y las mitologías sobre la mujer, ya sea pensadas en Córdoba, en Buenos Aires, en Guadalajara, en La Habana, en San Pablo o en Israel.
Del voluminoso compilado de textos de El vuelo de la pluma, elijo en especial dos narraciones —ni a capricho ni con un criterio que pueda esgrimirse como excusa más que cierta raigambre nacional— que quedaron resonando en mi lectura y que pueden funcionar como ojo de buey a la “filosofía en estado de memoria” de una de las autoras y militantes fundamentales del feminismo en América Latina.

Argentina: elogio de la locura

Publicado en fem en 1980, el texto de Mercado sobre Madres de Plaza de Mayo propuso un análisis del carácter político de la acción de “las madres”, que enreda una “infinidad de planos que se entrecruzan en un solo acto: reunirse, en Argentina, como madres, hermanas o esposas —es decir, como mujeres— todas las semanas, para reivindicar simplemente que el hijo, el hermano, el padre o el marido aparezcan vivos o muertos”. Con ese comienzo, el texto de Tununa apunta a señalar el más allá de la “pura manifestación afectiva”, tan inscripta en la lista anquilosada de las características femeninas. Apela a ver a través de “la ‘socialización’ del dolor personal” —recordemos el mantra apto-equívocos que versa lo personal es político— para proponer una lectura de un hecho colectivo sin precedentes, para ver al grupo en toda su dimensión.
“Hubo quizás una primera ‘loca de la Plaza de Mayo’” que desconocía que junto a otras, desgarradas por la pérdida del ser querido al tiempo que por la pérdida del saber, que también “elegían su condición femenina”, podían conformar un arma poderosa. Así, escribe Mercado, la ronda no solo apeló a las manos unidas de un juego de niñas para volverse una herramienta de lucha sino que levantó la apuesta como “una de las formas más imaginativas de protesta […] y obliga, por tanto, a repensar críticamente a las demás”. A través de esa marcha silenciosa, “de esa protesta mínima”, en movimiento constante, de expresiones nunca tan afectivas al tiempo que nunca tan políticas, las madres “de pronto comienzan a agigantarse y a ser legión”. Abren, juntas y solas, un resquicio por donde “se ha empezado a filtrar un vendaval”.
Tununa Mercado logra en pocas líneas elaborar un análisis de género de un hito de lucha histórico, no solo en nuestro territorio sino en el resto del mundo, sin serle esquiva a esa posición pre-feminista que llevó a esas madres, que “jamás negociarían la memoria de sus hijos”, a pedir por los ausentes. “Están dispuestas a todo precisamente porque han perdido todo y, al perderlo todo, han ganado fuerza, combatividad, dignidad”. La autora de La letra de lo mínimo (1994) se pregunta: “¿Por ser mujeres han perdido y ganado todo eso? Sí, ¿por qué no decirlo? Hay veces que la condición femenina en su sentido más diferenciado y particular, logra convertirse en un hecho revolucionario, de crecimiento y sobredimensión geométricas”. Anudar un pañuelo, dar vueltas a un monumento: con la paradoja de lo minúsculo es que “las madres” se pusieron a escribir la historia. 

Mujeres en riesgo

En el año 2017, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti ofreció una mesa debate sobre “Feminismo y exilio” en el marco de la muestra “Exilios. Memorias del terrorismo de Estado”. Allí, junto a Dora Barrancos, Susana Sanz, Flor Monfort y Lila Pastoriza, Tununa Mercado encuentra para “exilio”, una palabra que considera encierra “cierta dramática elegancia”, un sinónimo más rotundo: “expulsión”. Con ese ánimo, y desde una posición forjada por la estricta experiencia, la autora de En estado de memoria (1990) y del negado Canon de alcoba (1988) narra sin solemnidad y sin reparos los cimbronazos en su hoja de vida que significaron para ella dos exilios. El primero, en 1967 —recordemos a Onganía—, un barco zarpa hacia Europa, Francia, con ella a bordo: “Emigrantes sin conciencia de serlo. Acababa de morir el Che, ¡qué despedida!”. La entrada a un idioma nuevo y el fogoneo de una intelectualidad que a Mercado no le era desconocida. Pero ya no habitaba la periferia sino el mismísimo centro, la histórica París en mayo del 68. “La liberación es la cifra. En los cuerpos, en las vociferaciones, en las barricadas. Erotismo. Peligro. Represión. Amor y anarquía. Lutte ouvrière. Huelga” y ahí mismo, como un batacazo, el recuerdo: “ser feminista sin saberlo”. Sin embargo, toda la excitación del cambio de época, el subidón del protagonismo, contrastaba con las imágenes que Tununa advertía en su patria: “En el ‘69 el Cordobazo cambia el signo de ese destierro ganancioso […] No estar en Argentina en ese momento instaura la extranjería, debilita el terreno que pisábamos”.
El segundo exilio, la segunda expulsión, en 1974 —recordemos la muerte de Perón—, el “suelo promisorio” esta vez fue México, donde a poco de haber llegado Tununa asistió a algunos debates en el marco del Primer Año Internacional de la Mujer, con la mochila cargada de sus años en La Opinión —dirigido por Jacobo Timerman, en la afamada sección “Vida cotidiana”— y una militancia feminista esta vez totalmente declarada. “En 1976 comienza a publicarse la revista fem. No registro el hecho, estoy en otra: la Argentina, las denuncias, la muerte. Esa mala madre que nos ha expulsado”. La patria, otra vez, atraviesa la vida de Mercado en esa otra parte, esa otra ciudad que por momentos le da un hogar y por momentos apenas un refugio.
Extranjería, desarraigo, nostalgia, supervivencia, pero siempre como sentimientos adjuntos y motorizantes de la política. Un deber feminista que, con toda razón, se hizo carne con la hostilidad de la expulsión de la tierra propia.

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