La república shakespeareana

El nuevo trabajo de Eduardo Rinesi continúa y profundiza la indagación política y filosófica iniciada en 2003 con Política y tragedia.

Alejandro Boverio

Posiblemente no haya un núcleo tan fructífero en términos teóricos como el que se ha abierto, fundamentalmente durante el siglo XX, entre estética y política. Estos dos ámbitos, que fueron pensados en términos escindidos durante mucho tiempo a partir de la autonomización de esferas que propició la modernidad, revelan su profundo anudamiento en el último siglo con una doble valencia que Walter Benjamin supo poner en el centro de su interrogación: por un lado, la estetización de la política, que era lo que propugnaba el fascismo y, por otro, aquella con lo que debía responderle el comunismo: la politización del arte.

Ese anudamiento entre estética y política en el ámbito de lo real, dio por supuesta la posibilidad de un cruce también entre ambos campos de pensamiento: el estético y el político. Gran parte del trabajo teórico que viene desarrollando Eduardo Rinesi desde hace años se ubica allí, en ese cruce. Y, en especial, en la encrucijada de la política con una forma estética específica: la tragedia. Su notable trabajo Política y tragedia. Hamlet, entre Hobbes y Maquiavelo (Colihue, 2003) inaugura una serie de libros que volverán una y otra vez sobre ese núcleo. Y si esto es así es porque ha encontrado que la tragedia es un instrumento conceptual muy fructífero para pensar la política por tres razones: porque ambas, la tragedia y la política, trabajan con el conflicto; porque las dos suponen la fragilidad del sujeto en relación con fuerzas que no domina; y, finalmente, porque en ambas el sentido subjetivo de lo que se hace no coincide nunca con el sentido objetivo.
Esas tres fuertes razones lo han hecho volver sobre esa encrucijada en diversos trabajos, en los que Shakespeare es la sustancia para poner en movimiento la reflexión. Su nuevo libro ¡Qué cosa, la cosa pública! (Ubu Ediciones, 2021) no es la excepción y creo que, por su robustez teórica y su unicidad temática es, en cierta forma, la continuación de Política y tragedia. Y si digo su continuación, ello es porque si bien vuelve a cuestionarse el vínculo entre política y tragedia, y desde allí piensa, la preocupación ahora está centrada en la cuestión de la república: la res publica, la cosa pública. Ello es lo que es interrogado en este nuevo libro que, desde el título, un poco jocosamente sin signos de interrogación, sino de admiración, se pone en el centro de la reflexión. Pero, en efecto, uno siempre piensa sobre aquello que de alguna manera admira.

¿Qué es la cosa pública? Dos mil quinientos años de filosofía se lo han interrogado y aquí vuelve a ser puesto en consideración. Aunque la atalaya desde la que se sitúa el libro para pensar la cuestión republicana es Julio César, se abarcará de todos modos el ciclo completo de obras romanas de Shakespeare, que se abre con La violación de Lucrecia, pasa por la antedicha Julio César, sigue con Coriolano y se cierra con Antonio y Cleopatra. La interrogación de las obras tiene el propósito de una crítica política y no una lectura formal o meramente estética, por eso mismo tampoco se las leerá cronológicamente sino en el orden necesario para pensar el problema de la república. Se irá y volverá de una a otra obra, siempre con engarces sutiles, al tiempo que didácticos, que hacen al libro amable incluso para aquellos que no han leído alguna de estas célebres obras del dramaturgo inglés.
El libro que nos ocupa se sabe y reconoce deudor de The time is out of joint de Agnes Heller, en su búsqueda por pensar a Shakespeare como filósofo de la historia. Rinesi se dispone a pensar la historia y la política a través de Shakespeare, con lecturas cruzadas que van de Aristóteles a Montesquieu, pasando por Hobbes, Maquiavelo, pero también, por clásicos romanos como Plutarco y Tito Livio. Y ello teniendo en cuenta, también, muy eruditas lecturas de críticos shakespeareanos que a esta altura nos permiten decir que Rinesi se ha vuelto nuestro shakespeareano.
Sin embargo, no solo shakespeareano, puesto que en esta oportunidad, como decimos, ello se ve mediado por el interés en las ideas de república y de republicanismo, algo que ocupó a Rinesi los últimos años como una interrogación sobre el presente, en vistas de no dejarle la apropiación de ese concepto a las derechas, y en la búsqueda, justamente, de un republicanismo popular o de izquierda. Esa preocupación por el presente parece ser la que anima esta inmersión en la saga romana de Shakespeare, en la voluntad de pensar un republicanismo democrático y popular.

El complot contra César por parte de Casio y de Bruto, junto con los otros señoritos de la élite senatorial, es el nudo en el que se plantea el problema del republicanismo. ¿Lo matan porque es un tirano? En verdad no está claro que lo sea, al menos en el modo aristotélico de pensarlo: el gobierno de uno solo que no gobierna por el bien de todos sino por el de sí mismo. Y no ha dado muestras tampoco de querer la suma de todos los poderes, la había rechazado en tres oportunidades. Lo que muestra con razón Rinesi es que si lo matan “por el bien de la república”, es en vistas de una república aristocrática, justamente porque son profundamente antidemocráticos, puesto que los anima el temor al pueblo y a perder sus privilegios. El temor al líder o al caudillo que expresa la voluntad del pueblo es, a fin de cuentas, un temor al pueblo.
Y hay allí entonces un parteaguas en la definición de republicanismo: está el republicanismo aristocrático, minoritarista y antipopular que desprecia al pueblo y a sus caudillos pero también hay un republicanismo popular y democrático que es la contracara de aquél y que no teme a los líderes populares ni los considera casi por principio contrarios a la cosa pública. Muy por el contrario. Y es ese republicanismo del pueblo al que Rinesi busca recuperar adversus Casio y Bruto. Los exquisitos análisis de los diálogos y las escenas anteriores y posteriores al acto de dar muerte al líder son esenciales al desarrollo de este análisis conceptual que anima la búsqueda en los textos shakespearanos.
Esa célebre escena del teatro de Shakespeare, en la que Bruto le da su estocada a Julio César, que entraña la profecía de toda política, la traición, y que queda plasmada en palabras de Casio: “¡Cuántas veces los siglos venideros/ Verán representar nuestra sublime escena / En países y lenguajes aún desconocidos!”, es también la profecía de la repetición de la escena de un grupo minúsculo y privilegiado atentando contra un líder popular. Borges, como sabemos, en su exquisito “La trama” repite la escena entre gauchos. Y esa escena y esa trama se seguirá repitiendo no solo en la ficción, sino también en la vida política efectiva. Este libro nos alerta sobre eso y por ello tiene una profunda actualidad, como a su modo, y a su vez esto quiere mostrar el libro, Shakespeare también la tiene. O más bien, no deja de tenerla.

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