Revólveres

Una antología de policial negro que reúne autores argentinos y españoles.

Marcelo Carrasco

El género noir —dijo alguna vez el crítico Nino Frank— es ante todo una marca de elegancia en el coraje. En él, la lengua de bajos fondos, las tramas delictivas y los artificios de las coartadas toman una dimensión que el mundo de lo cotidiano sensatamente les niega.  Al poner en escena el lado oscuro de lo vivido, lo que se presume que hay del otro lado: las fuerzas reales que regulan el mundo cuando las leyes oficiales no alcanzan o no se interesan en iluminar.

Juramento negro. Relatos de aquí y allá, recientemente publicado, reúne una serie de veinte relatos de género negro que retoman el tópico de lo delictivo, la marginalidad, la violencia, la arbitrariedad, el misterio, la traición, la ironía perversa y el placer mentado del desquite. La peculiaridad específica del volumen radica en que agrupa obras de narradores argentinos y españoles. De este lado del mundo, además de nombres propios como los de Guillermo Orsi, autor de Siempre hay alguien a quién matar [Revólver], Gustavo Abrevaya, autor de El criadero [Revólver], Oscar Tabernise, autor de El muertito [Revólver], Luis Gusmán, autor de La música de Frankie [17grises], y Juan Sasturain, autor de Pirse, el improbable [Alfaguara] y compilador de la antología El crimen paga [Edhasa], se antologan excelentes relatos de Miguel Gaya, Eduardo Goldman, Daniel Sorín, José María Gatti y Raúl Argemi. Del otro lado del océano, la selección no es menos exquisita y allí se imponen los nombres de Andreu Martín, Lluna Vicens, Paco Gomez Escribano, Fernando Ugeda Calabuig, Susana Hernandez, Sebastian Benassar y José Luis Muñoz. Huelga decir que, habiendo sido ideada por el grupo de narradores rioplatenses autodenominado “Grupo Juramento” (una pequeña banda de escritores que, antes de la pandemia, se reunía en un café de Av. Cabildo y Av. Juramento, a conversar sobre libros y autores), la antología se publica en España bajo el sello Tierra Trivium y en Argentina verá llegará a librerías de la mano de la editorial Evaristo.
Se trata de un libro sólido en su confección y su contundencia radica en un compromiso real con la característica marcada por Frank. Pero también porque en la elegancia del estilo y la construcción de las tramas la violencia y el crimen siempre aparecen cruzado por una vena de humor sardónico y cruel, que nos remonta a los grandes maestros del género.
Sería injusto subrayar uno varios textos por sobre los demás, en especial porque cada uno de ellos apela a una inscripción genérica, a una extensión, a un tono preciso y a un registro narrativo diverso. Más que una antología rigurosa, este libro es un convite a reconciliarnos con sus protagonistas, sujetos dañados, derrotados y decadentes que no dejan de confiar en sus pobres fuerzas para dar con una verdad que los justifique en el mundo, en ese mundo en el que el móvil de los crímenes y la violencia social reenvía siempre a nuestras propias debilidades (la avaricia, el ansia de poder, envidia, odio, codicia, lujuria, etc.) y a ese lenguaje crudo, áspero y orillero que, como el slang, crece especialmente en los terrenos más turbios y en los momentos más propensos al deterioro ético, la pérdida de escrúpulos y la infamia.
Pero es ante todo una celebración: la celebración de una de una literatura cargada de apasionamiento, de coraje, de picaresca y de artilugio.

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