Una voz en off en la literatura argentina

La obra de Francisco Bitar es una red y un laberinto al que se puede ingresar por cualquier parte y de ahí salir en cualquier dirección.

Mariano Granizo
Francisco Bitar

Diré que la de Bitar es una novela eterna que se publica en fascículos, incluso cuando es el ensayo el que toma la palabra para organizar la escritura. Seamos claros: en el recorrido de Bitar existen tres territorios a habitar y construir escribiéndolos. En un primer territorio encontramos al Bitar poeta, que ya deja entrever que aquello que dispone en versos podría desplegarlo en una forma narrativa. Bitar ha dicho que el poema se encuentra y que la prosa se busca; cansado de esperar se cambia el traje y cambia de territorio, o no tanto. Conservando la cadencia y el ritmo de su poesía pisa el territorio del cuento, chejoviano, de lo pequeño, pero en un territorio que muta fácilmente porque es tan sólo preparación de algo más. “Preparación”, ese es un concepto, un estado que gobierna a Bitar, que lo mantiene en trance mientras escribe. Con Tambor de arranque asume que todo aquello que narró en sus cuentos puede ser material novelesco, por ahora en el formato de nouvelle: fiel al concepto de preparación no puede cambiarse de territorio así como así, debe operar las transiciones; finalmente cruza al tercer territorio cuando asume que todo puede ser novela, a secas, aunque momentáneamente.

El mejor Bitar, el más consciente de sí mismo y de su escritura, está en esto que podemos llamar el territorio de sus novelas/ensayo: Teoría y Práctica (2018), Un accidente controlado (2020) y La preparación de la aventura amorosa (2021); en sus otros libros uno puede crear en la lectura esa novela que ya existe, aunque Bitar no la asuma, aunque él sepa que está, pero desarticulada. Las pequeñas cosas ocupan todo el espacio, toda la atención y, de tan pequeñas, de tan corrientes, no se ven, no se perciben, o lo son todo y ocupan cada página, entrelazándolas, salteándose los cortes de cuento a cuento, de libro a libro y creando un texto constante, denso, criterioso y, a la vez, dueño de una levedad que permite no percibir que esta gran masa textual está viva y es una sola, sin distinciones genéricas. Ahora, en el territorio actual, el Bitar novelista/ensayista asume la elipsis de la elipsis, las conexiones sutiles y aparece la textualidad hiperconectada de Onetti o del Hemingway de Islas a la deriva, con mil entradas y otras tantas salidas posibles del texto: Bitar parece estar extrayendo páginas de un gran libro interminable, colocando un corte donde su capricho se lo indique para crear el texto editable pero que sigue conectado al texto mayor. Una vez más, y siempre, de la poesía al cuento y vuelta a eso que es Historia oral de la cerveza y a la novela/ensayo. Bitar está cansado de esperar y se mueve, porque “será más importante el viaje o el contexto de ese viaje” como escribe en las primeras páginas de La preparación de la aventura amorosa.

Con la publicación de Un accidente controlado (17grises) y La preparación de la aventura amorosa (Tusquets), Bitar parece estar ya en otra cosa. Ficción y ensayo se acercan cada vez más bajo el concepto de narración; el narrador que es Bitar deja entrever, en su escritura, todo lo anterior que ha hecho, desdibujando la posibilidad de seguir sosteniendo los límites genéricos en una escritura que es netamente del siglo XXI. Acorde con la época, la escritura de Bitar siempre parece inconclusa, novela y ensayo parecen estar a punto de escribirse, siempre parecen notas a desarrollar a futuro, meras indicaciones para el lector. En La preparación de la aventura amorosa narra una voz en off (definirla así es la única manera que encuentro de ser fiel a la sensación que me provocó su lectura), pero es una voz en off bien utilizada, como en las películas de Mariano Llinás, no esa voz en off que lo único que hace es delatar la impericia del cineasta para poner en imágenes aquello que está diciendo. En Bitar, la voz en off del narrador es la que permite a la novela acercarse al ensayo, a la sensación de estar leyendo algo que está a punto de mutar, pero que aún es novela (y que además podrían ser cuentos, y cada párrafo un poema de aquellos de los de Negativos o de The Volturno Poems); esta voz en off es signo de pericia en Bitar, pericia de saber que este objeto al que llamó La preparación de la aventura amorosa es inacabado por naturaleza, por extensión al resto de su escritura o porque se terminará de concretar (quizá, con suerte) en la lectura de cada lector; la voz en off es la puesta en acto de ese carácter provisorio de la escritura al que hace referencia en Un accidente controlado: “Es que la escritura misma no se puede plantar como garante de la escritura: a ella sobre todo le caben las generales de esta ley inestable, provisoria, incierta que es la de escribir.” De ahí que a Bitar se lo pueda releer sin el gusto jactancioso por la floritura inútil ni el deseo por el avance de la peripecia. La voz en off de Bitar es distancia con lo narrado quizá porque lo narrado no tiene la menor importancia, o es esa importancia tan menor e imperceptible que lo ocupa todo sin que nos demos cuenta, como cuando estamos ante una verdad que todos sabemos pero que nadie quiere reconocer. Podemos prescindir de todo esto, pero no podemos abstraernos de la atención que nos despierta esa voz en off de una historia que carece de peso como cualquier otra. Bitar ha decantado hacia una voz aséptica (tanto en el lenguaje como en su uso y en la distancia de esa voz), que ya se percibía en sus primeros libros de cuentos, pero que ahora toma como precepto narrativo. ¿El resultado?: uno no puede contar con facilidad lo que ocurre en la novela, cuáles son las historias del texto más allá de un narrador que, desde fuera, desde muy afuera de la acción narrativa, nos hace recrear lo que su voz recrea (o crea); si la representación de la vivencia es tan demandada hoy (¿quién ha decidido que tal cosa es la literatura?), Bitar no hace otra cosa que decirnos que la experiencia no existe, que lo real, eso que es difícil de entender por qué se busca tanto en un texto, está en el marco de referencia; ahí es donde el lector entra en su juego, en el universo de Bitar donde la gente y sus acciones existen, pero como espectros de los espectros de algún anclaje cotidiano. Personajes que sólo son elementos para contar algo, y ese algo sólo es una excusa para que exista la voz de Bitar.

Ya desde los títulos de los libros de su recorrido actual, Bitar plantea su proyecto: hay “Teoría”, hay “Práctica, “Preparación” y “Accidente controlado”. La búsqueda de la posibilidad de seguir narrando es contínua, no lo deja permanecer en un solo lugar. Así es cómo construye una ficción narrativa que debe echar mano del ensayo para seguir respirando, una ficción narrativa que se degenera en ensayo y un ensayo que se degenera narrativo porque no hay nada a lo que, desde el género que esté escribiendo, deba pleitesía.
Lo más extraño al leer Un accidente controlado es encontrar la primera persona que es propia del género pero no de Bitar; aquí, está claro, se hace cargo de lo que dice, en esta novela de la posibilidad de la escritura (y de la lectura) aparece un narrador personaje; aquella voz en off de la ficción cuadra perfectamente con el ensayo, como forma conversada (narrada oralmente) de la narración, que a su vez es parte ineludible del ensayo, de su posibilidad.
Si el ensayo no progresa desde donde arranca, si es caprichoso, provisorio y vueltero, si no aspira a su conclusividad, las novelas de Bitar tampoco, o lo hacen dando grandes saltos a la nada. Una novela es un extrañamiento, una preparación, y lo es también el ensayo. Bitar llega a un punto en que sincera el fondo de su escritura, su sustancia: la preparación y la vuelta. Su escritura es el intento constante de que un volumen de cuentos llegue a serlo, de que una novela lo sea, de que un ensayo sea tal o de que un diario de escritor cumpla su función; pero siempre el fracaso se hace presente, porque sólo hay preparación en ese corpus de textos que genera Bitar. En cada uno de esos textos hay otro; existe en mayor o menor medida lo que pretende ser y lo que aún persiste de todo lo anterior. La preparación de la aventura amorosa es ya la aventura amorosa, así como la preparación del ensayo es el ensayo.

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