El último Tolstói

Entrevista con Selma Ancira, la estudiosa y traductora de El camino de la vida, el libro póstumo del gran escritor ruso.

DIEGO ERLAN Y MAXIMILIANO CRESPI

En una larga carta de octubre de 1895, dirigida a su hijo Mijaíl, Lev Tolstói acepta que las rígidas reglas que él tuvo que acatar en su juventud, siguiendo los ideales de su padre y de su abuelo, eran extemporáneas y no podría permitirse que él, su hijo, las acatara del mismo modo, sin embargo, entendía que esos ideales y esas reglas lo habían hecho detenerse a tiempo frente a las tentaciones con las que se topan todos los jóvenes, sean ricos o pobres, en su período de formación. “Hay una única forma de salvarse de la situación en la que ustedes se encuentran: detenerse, recobrar el sentido, mirar alrededor y encontrar cuáles son sus ideales, es decir qué quieren ser, y vivir de tal manera que sea posible llegar a ser lo que quieran”. A lo largo tanto de sus diarios como de su correspondencia, la búsqueda de esos ideales morales y religiosos en Tolstói es constante. La publicación en español de El camino de la vida es una prueba de ello.
Hay una escena que Selma Ancira ilumina para entender la génesis de este proyecto. En 1901, un Tolstói convaleciente arranca las hojas de un calendario de pared y lee la frase destinada para ese día de un autor reconocido. Esas ideas fueron las que lo impulsaron a hacer lo mismo: reunir reflexiones sobre temas como la verdad, la vida y la conducta, que se publicaron en fascículos. Luego de años de escritura, el proyecto culminó en un compendio de treinta y un capítulos dedicados a la fe, el amor, el alma, la lujuria, la violencia, el castigo y la muerte. Ese es El camino de la vida: el libro del cual Tolstói no llegó a ver las galeras cuando estaba por publicarse en ruso. Aunque se había traducido al francés en 1912 y en inglés en 1919, nunca hasta ahora había sido traducido al español y la responsable de ese descubrimiento fue Ancira, que desde hace años viene traduciendo la obra completa del escritor ruso. Como lo dice ella en la nota a la hermosa edición de Acantilado: “Este libro es una tesela más de ese gran mosaico que desde hace años he venido armando poco a poco y que pretende dar una imagen de cuerpo entero del Tolstói ser humano. Los dos volúmenes de Diario, la Correspondencia, los breves cuadernos que reúnen los testimonios de sus contemporáneos y que forman parte de una colección que titulé Así era Lev Tolstói, son parte de ese tan acariciado proyecto de compartir con los lectores de habla hispana la que se considera su tercera gran novela: su biografía. Una creación tan deslumbrante y magnífica como Guerra y paz y Anna Karénina.”
Dispuestos a hablar sobre los desafíos de traducir una obra más de Tolstói, Selma Ancira nos dice: “En este libro quise ser tan clara como lo es Tolstói, para que las frases, los pensamientos, las máximas, los aforismos tuvieran la fuerza suficiente de llegar a las entrañas del lector y hacerlo abrir los ojos a tantas cosas que Tolstói nos invita a ver y a entender desde su inmenso humanismo.”

¿Por qué cree que nunca hasta hoy se había traducido este libro de Tolstói al español?
Hay cosas inexplicables. Quizá porque a Tolstói se le conoce sobre todo por sus novelas y es lo que se traduce una y otra vez. Quizás porque El camino de la vida es un libro que le exige al lector, y por supuesto al traductor, un constante cuestionamiento sobre su propio camino en la vida. Quizá simplemente porque, por suerte para mí, no le había llegado su momento… No lo sé.

Usted ha traducido toda la obra de Tolstói. ¿Qué encontró en esta obra en particular?
Una mina de conocimiento, de sabiduría, de reflexión. Una oportunidad maravillosa para comenzar a pensar la vida de una manera distinta. Un motivo para reflexionar de nuevo sobre cómo estoy viviendo yo y cómo está viviendo la humanidad. A dónde estamos yendo individualmente y como especie. Y encontré también la esperanza de un cambio, positivo, aquel que permitirá al ser humano llevar esa vida de bien con la que soñaba Tolstói.

¿Qué singularidad tiene para usted El camino de la vida?
Es un libro único en el que Tolstói ha reunido, además de sus propios pensamientos, los de muchos grandes sabios de la humanidad. Es un compendio de la sabiduría universal de todos los tiempos. Algo muy difícil de encontrar y que tiene un valor incalculable. Además, nos ofrece una visión distinta del autor de Anna Karénina.

¿Qué valor cree que puede aportar a la obra de Tolstói en general y al lector del presente en particular?
Un libro en el que Tolstói trabajó los últimos años de su vida con ahínco, en el que cada uno de los pensamientos está meditado para suscitar una reacción en el lector, es un libro de un valor incalculable. La obra narrativa de Tolstói, así como su personalidad, se entenderán mucho mejor y de una manera mucho más profunda, a la luz de éste último libro.

¿Cuál fue el mayor desafío como traductora?
Conseguir que cada pensamiento se sostuviera por sí mismo, que además se fueran hilvanando uno con otro como en el original y que el ritmo del libro, distinto en cada capítulo, no decayera. Este libro ha representado para mí desafío al que no me había enfrentado todavía.

Si bien es la summa del pensamiento religioso del autor, ¿advierte alguna profundización o tal vez alguna distancia en relación a otras ideas que tenía el autor en obras anteriores?
Este libro está compuesto a la luz de la conciencia de un hombre que ha vivido ya la mayor parte de su vida y ha recorrido un muy largo camino. Es la condensación de los temas filosóficos, políticos y humanos que le han preocupado y lo han acompañado a lo largo de la vida, desde que escribiera  “Infancia”  a sus veinticuatro años hasta “Resurrección”, su última novela de largo aliento.

¿Considera que es una típica obra de final de la vida o culmina, de algún modo, toda la reflexión de Tolstói sobre la religión y la moral?
Es una obra que se gestó muchos años antes de la muerte de Tolstói y que sufrió varias metamorfosis hasta convertirse en El camino de la vida que hoy ofrecemos a nuestros lectores.

¿Cuánto radica, para usted, la inminencia de la muerte de Tolstói en este libro?
No creo que haya sido una factor que condicionara de modo alguno este libro. La muerte fue siempre una constante en el pensamiento de Tolstói.

Si tuviera que elegir una sola de todas las frases que tuvo que traducir para este libro. ¿Cuál fue la que más la conmovió y por qué?
Han sido muchas las frases que me han conmovido, que me han trastocado, que me han hecho plantearme vivir la vida de una manera distinta. Pero si me viera obligada a elegir una sola, quizá sería ésta: “Cuanto más verdaderamente sabio es un hombre, más sencillo es el lenguaje en el que expresa su pensamiento.”

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