Las fuerzas extrañas

A 83 años del suicidio de Leopoldo Lugones, rescatamos el libro Cuervos de la memoria, de Tabita Peralta Lugones.

MARINA WERSCHLAVER

Es cierto. Un día como hoy podríamos hablar de la llegada de aquel hombre a la isla del Tigre como lo hizo Aira al comienzo de una de sus últimas novelas y ponernos a imaginar ese día hace ochenta y tres años, imaginarlo hora por hora, quizás con algunos detalles relevantes como el vaso de whisky que aquel hombre vestido de traje sostuvo en su mano antes de ingerir el veneno, y narrarlo como lo narra Aira, pero también podríamos embarcarnos en una suerte de ritual espiritista y recuperar un libro por lo pronto indescifrable como es Cuervos de la memoria, escrito por Tabita Peralta Lugones. No sé si fue leído. No sé si alguien lo conoce. Deberían hacerlo.

Más allá de que Tabita sea la autora de Retrato de familia, cuyo eje es la inagotable historia de su familia este libro adquiere una potencia inesperada, primero por el tono; segundo por la construcción en retazos de una memoria, a veces imaginada y otras veces turbia y enroscada, de una familia que traza a su vez la tensa historia de un país inexplicable. Es cierto, digo. Tabita podría escribir un libro infinito con las luces y las tinieblas de su familia. Podría escribir otro más. Y estaría bien. Para quienes no la conozcan cabe resumir su historia familiar de esta manera: Tabita es la hija de Pirí Lugones, la misma Pirí que era hija del compositor Julián Aguirre, la misma Pirí que fue pareja de Rodolfo Walsh durante años y amiga del editor y productor Jorge Álvarez, la misma Pirí que era bisnieta del Poeta Nacional (Charlie Feiling también lo hizo), y nieta de Polo (aquel comisario introductor de la picana eléctrica y represor moral incluso de su padre), la misma que fue militante de Montoneros y a quienes muchos recuerdan aún de las veladas literarias y las sombras de los bares de la Buenos Aires bohemia. Sobre ella Tabita recuerda que es lo mismo que imaginar y en ese proceso construye un entramado literario: flashes de historias relatadas en reuniones familiares, correspondencia encontrada en los placares de viejas casonas aristocráticas, y ensoñaciones de madrugada. La historia de los Lugones es un entramado de genialidad y tragedia.Y Pirí es la protagonista de esa historia. Y a ella Tabita la convoca en un rito. No voy a remitirme a la conocida historia del espiritismo en Lugones.

La historia de los Lugones es un entramado de genialidad y tragedia.

La tradición esotérica en la Argentina es profusa pero esa relación entre madre e hija me traslada a ese invierno de 1874, en el que Juana Manuela Gorri­ti, instalada en Lima, escribe en su diario: “Es muy nota­ble que mi hija Mer­cedes, un espíritu fuerte, haya comen­zado a creer en los miste­rios del es­piritismo que, como la reli­gión, muchos farsantes han desacre­di­tado pero cuyo fondo es de una ver­dad innegable…” Ahora imagino a Tabita sentada frente a su mesa como si fuera Georgie Hyde-Lees, la esposa de W. B. Yeats, que en aquel hotel junto al bosque de Ashdown, cuatro días después de su casamiento, despertó de un trance en el que había escuchado la voz de alguien que le dictaba y la había hecho llenar páginas y páginas de frases inconexas y letra casi ilegible que a Yeats le pareció tan emocionante y profundo que la convenció para que no dejara de hacerlo. Yeats era discípulo de Madame Blavatsky; Lugones aprendió de Blavatsky también sobre la escritura y las fuerzas extrañas.
Un 18 de febrero pero de 1938 Lugones fue arrastrado por esas fuerzas para vestir de traje por última vez y recostarse en la cama de aquella casa, de aquella isla. No sé si vio la luna antes de retorcerse.

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