David Harvey

El mayor geógrafo del capitalismo posfordista

Maximiliano Crespi

David Alan Harvey nació en Gilingham, Kent, Inglaterra, en 1935. Es hoy un reconocido geógrafo, urbanista y teórico social en la corriente del fecundísimo marxismo británico. Pero si bien ha desarrollado una sólida y notable carrera académica y docente (ha sido catedrático de universidades como la Johns Hopkins y Oxford, y actualmente se desempeña como profesor en la City University de New York y es Miliband Fellow de la London School of Economics), son sus brillantes trabajos de análisis geopolítico los que, como bien dice Terry Eagleton, le han prodigado el título de “decano de los geógrafos radicales”. Se trata, en efecto, de una voluminosa serie de libros y artículos de gran influencia en el desarrollo de las investigaciones sobre la política de expansión moderna y de los cuales ha logrado desprender un conjunto de tesis fundamentales para la “comprensión de la dimensión espacio-temporal” del capitalismo actual.

Pero Harvey no siempre fue marxista. Es más: según su propia confesión, leyó por primera vez al autor de Das Kapital con más de 30 años, mientras estudiaba la carrera de geógrafo en Cambridge, donde se graduaría con honores en 1957 y donde obtendría su doctorado con una tesis sobre el condado de Kent en el siglo XIX, siguiendo la tradición en geografía histórica regional de esa casa universitaria. Lo que se sabe es que, mientras desarrolla una breve estancia de investigación posdoctoral en la Universidad de Uppsala (Suecia), Harvey lee El Capital a la vez que se interesa por el desarrollo de los métodos cuantitativos en las ciencias sociales, que en su vertiente estructural contribuirían sensiblemente al desarrollo posterior de la geografía cuantitativa. Testimonio indeleble de ese cruce epistemológico es sin duda Explanation in Geography, el primer libro que Harvey da a imprenta a comienzos de 1969 y que —traducido al español bajo el título Teorías, leyes y modelos en geografía en 1983— es todavía hoy un clásico: un texto de referencia insoslayable dentro de la abigarrada biblioteca de esa corriente teórica de la geografía crítica.
A comienzos de la década del setenta, deja su patria y se traslada a Estados Unidos. Se instala en Baltimore y comienza a trabajar como profesor asociado en el Departamento de Geografía e Ingeniería Ambiental en la Johns Hopkins University. En ese contexto, Harvey se une al movimiento emergente de la nueva “Geografía radical”, donde profundiza y desarrolla su afinidad con las teorías sociales de ascendencia materialista. Estudia a Marx por la vía de los clásicos ingleses (el contextualismo de John Pocock y Quentin Skinner), pero también a través de Antonio Gramsci, de Franz Fanon, de Jean-Paul Sartre y de Louis Althusser, entre otros. Toma consciencia de que su pensamiento y su manera de interpretar el mundo confluyen con el desarrollado en una poderosa corriente de historiadores culturales contemporáneos como E. P. Thompson, a Christopher Hill, Eric Hobsbawn, Rodney Hilton, Dona Torr; pero también con el de los agudos analistas reunidos en el Centre for Contemporary Cultural Studies de la Universidad de Birmingham bajo la dirección de Richard Hoggart primero y luego de Stuart Hall. Se reconoce pues como un geógrafo, pero sobre todo se asume como un intelectual de izquierdas. Y, en función de ello, se convierte en un activo colaborador de Antipode, la revista de geografía de izquierda más leída de lengua inglesa.

Allí publica, en 1972, “Teoría revolucionaria y contrarrevolucionaria en geografía”, un importante y radicalizado artículo que ciertamente constituye un manifiesto indeclinable de su manera de ver el mundo: en ese trabajo, Harvey analiza la formación de los guetos y argumenta en favor de la creación de una teoría revolucionaria cuya verificación debe emerger de la propia práctica revolucionaria. Y apenas un año después de eso, ve la luz Social Justice and the City, un trabajo de transición donde se percibe el pasaje desde una perspectiva socio-liberal (donde todavía se muestran tangibles ciertas influencias de Rawls) a una perspectiva de izquierda más radicalizada. Traducido cinco años después por Siglo XXI bajo el título de Urbanismo y Desigualdad Social, el libro se volvió precursor de una serie de estudios latinoamericana sobre la ciudad moderna desde sus problemas de injusticia y desigualdad (vivienda habitacional, formación de villas y cordones, distribución desequilibrada de la renta). Con implacable agudeza, Harvey despliega allí un criterioso análisis que hace emerger nítidas las contradicciones que una y otra vez se remontan al fundamento de una estructuración social única y exclusivamente apoyada en el régimen de propiedad privada y en el paulatino debilitamiento de la estructura constituida del aparato de Estado.

La resistida recepción que tuvo ese trabajo en particular y las ambigüas críticas que recayeron luego sobre A question of method for a matter of survival, aparecido en 1973, calaron hondo en Harvey y, al igual que E. P. Thompson, lo impulsaron a tomarse casi una década para revisar y reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de una teoría capaz de convertirse en una herramienta eficaz para un análisis de carácter objetivo y revolucionario. The Limits to Capital apareció en 1982 y confirmó a Harvey como un sólido y riguroso teórico marxista. De inmediato cosechó elogiosas reseñas y Fredric Jameson lo apuntó como un “trabajo magistral” en el campo de la teoría materialista, destacando la decisión política de su autor en el hecho de haber concentrado su atención en los aspectos geográficos del capitalismo, vinculándolos especialmente a la teoría del desarrollo geográfico y ofreciendo así un fresco de la incesante producción de desigualdades que caracteriza al modelo capitalista.
Pero el libro con que Harvey comienza a ser leído por un público no especializado en geografía es sin duda The Condition of Postmodernity: An Enquiry in the Origins of Cultural Change, que apareció en inglés en 1989 y que es el trabajo más conocido del pensador británico. En español, esa difusión no llegó hasta 1998, cuando Amorrortu tradujo esa obra que, junto a la monumental Teoría de la posmodernidad de Jameson, quizá sea la obra más citada de la nutrida bibliografía sobre la posmodernidad. En sintonía con los trabajos jamesonianos reunidos en El giro cultural, Harvey estudia la emergencia de la cultura y del arte postmodernos como un efecto de las transformaciones del capitalismo y de la aparición del capitalismo tardío o postfordismo.

A partir de la década del noventa y hasta el presente, la dimensión intelectual de los trabajos de Harvey y sus intervenciones públicas han ratificado la atención y el reconocimiento que pensadores como Tariq Ali, Frigga Haug, Michael Löwy, Perry Anderson, Terry Eagleton, Jayati Ghosh, Daniel Bensaïd, Jameson o Slavoj Žižek prodigan a sus trabajos. Una rápida lista de los libros recientes publicados en español por la editorial Akal contempla títulos como Espacios de esperanza (2000), El nuevo Imperialismo (2003), Breve Historia del Neoliberalismo (2005), Espacios del capital: hacia una geografía crítica (2007), París, capital de la modernidad (2008), El enigma del Capital y las crisis del capitalismo (2012), Guía de El Capital de Marx (2014). En cada uno de esos trabajos Harvey consolida un pensamiento y una disposición crítica obstinada en exponer la importancia adquirida por la “acumulación por desposesión”, el proceso de colonización extractivista de yacimientos de recursos: desde la minería a las reservas de agua potable, desde recursos energéticos a la comercialización de servicios, a partir del despojo de pequeños propietarios y comunidades en todo el mundo, organizándose de manera tal que todo trabajo y todo recurso en escena contribuya a enriquecer al capital.

Actualmente, sus trabajos tienden a identificar al neoliberalismo como una respuesta histórica a la crisis de acumulación del capitalismo producida en los años setenta, tanto en virtud de la baja en los rendimientos de las inversiones como por el recrudecimiento de las luchas sociales en contextos emergentes. Como el neoliberalismo se estableció aprovechando el debilitamiento de los estados frente a las “entidades globales del capitalismo financiero”, que impusieron tanto las privatizaciones de bienes y servicios como la reducción de las garantías laborales, la posición de Harvey es estricta y rigurosamente materialista. A sus 85 años, apuesta a un pensamiento crítico que, como bien sostiene Gregory Albo, al retomar los planteos marxianos sobre la tendencia del capital al expansionismo, consiguió subrayar una contradicción real: “la reproducción extendida del capital, la que debe alcanzar una cierta ‘coherencia’ y ‘materialización’ en el tiempo y el espacio para que el capital se valorice y acumule”, pero también al subrayar la contradicción implícita en las relaciones sociales capitalistas actuales entre la inmovilidad necesaria para la producción de valor y la fluidez propia de la circulación de mercancías y valores en la maximización del valor de cambio. Al exponer la lógica con que la globalización y la financialización del capitalismo y al estudiar las respuestas de los movimientos sociales para resistir e impulsar alternativas emancipatorias, Harvey se ha vuelto un autor insoslayable para la comprensión del modelo de relaciones sociales impuesto por el paradigma capitalista actual. Por eso sus intervenciones públicas ejercen una fuerte atracción tanto sobre teóricos y estudiosos académicos como sobre estudiantes, activistas y militantes sociales. The Future is Public, la conferencia que dictó en diciembre de 2019 en Ámsterdam ante un público nutrido y heterogéneo, da prueba de ello. Traducido por Paula Vasile y publicado en la Biblioteca Masa Crítica por CLACSO bajo el título Razones para ser anticapitalistas, el texto funciona casi como un manifiesto y como el ejemplo de la constancia de un pensamiento que no se resigna ni resigna sus convicciones. Como dice Eagleton, “en su calidad de radical, Harvey cree que el cambio y la inestabilidad son la norma; pero el hecho de que ese postulado no se aplique a lo político es razón suficiente para seguir siendo radicales”. Porque, como suele decirse en el idioma de los argentinos, sin lucha social no habrá nunca justicia social.

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