El enigma Schwarzenbach

La escritora Annemarie Schwarzenbach convirtió una vida condenada al ostracismo en una fuga poética que prefiguró el movimiento beatnik. Su obra es reflejo de esa búsqueda.

FERNANDO KRAPP

El nombre de Annemarie Schwarzenbach sigue siendo un enigma. No solamente porque en castellano resulta casi imposible de pronunciar, sino porque su literatura se encargó de romper todos los moldes y encasillamientos. La vida de Annemarie fue considerada, por la burguesía bienpensante de su Zurich natal, un verdadero anatema, la cual fue estigmatizada hasta ser condenada al ostracismo, la fuga y el escape. Lo cierto es que ella se encargó de hacer de su vida una forma poética. Nunca una vida y una obra estuvieron tan amalgamadas. Cualquier beatnik hubiera querido tener la vida de ella. Y en cierto modo, ella se anticipó a ese movimiento en varios aspectos.
Vayamos a su biografía. Schwarzenbach tuvo una vida corta e intensa. Nació en Suiza en 1908 y murió en Sils en 1942. Publicó en vida más de veinte títulos: novelas, libros de viajes, ensayos, poesía y cuentos. Historiadora de formación, nació en el seno de una familia ultra conservadora. Amiga de los hijos de Thomas Mann (Klaus y Erica), en una carta escribe: “La vida debe ser movimiento”. Schwarzenbach empleó tiempo (digamos que lo “gastó”) en recorrer y viajar, en buscar una relación entre literatura y viajes que no se traduzca simplemente en la transmisión de una experiencia, una anécdota, una nota de color en un diario para la superación personal.

El viaje también es una forma de sufrir. Schwarzenbach realizó varios viajes, muy prolongados a la antigua Persia, la vieja meseta de Irán, para experimentar con la forma literaria. Uno de sus resultados en su bella ¿novela? Muerte en Persia que la gran editorial española Minúscula ha sacado en su colección Paisajes Narrados, junto a otras joyas menores del género como México de Emilio Cecchi y las Crónicas Berlinesas de Joseph Roth, y que también ha publicado otras obras importantes de Schwarzenbach como Todos los caminos están abiertos, El valle feliz, Ver a una mujer y Con esta lluvia

Muerte en Persia, este pequeño libro de Schwarzenbach, es un “diario impersonal”, una fuga del narrador en un intento de fundir relato y paisaje, de desdibujar al sujeto de enunciación en el paisaje que la circunda. No hay una lógica causal en el viaje de Schwarzenbach sino que se apoya sobre ligeras observaciones, sobre detalles nimios, recuerdos que operan sobre recuerdos, hasta que de pronto “la información”, eso que tanto necesita y anhela obtener el viajero que narra, aparece como un oasis borroso entre montañeses al norte de Irán. Una visión sobre el paisaje genera un escape hacia adentro, hacia la propia historia: “El viento y las montañas que lo circundan a uno no son ni siquiera hostiles, solo demasiado poderosos. Uno simplemente está perdido en medio de ellos, y todo es vano, pues el viento se lleva los esfuerzos… ¿se podrá huir?, piensa uno, y se obliga a seguir caminando por mero instinto de autoconservación. Entonces empieza a balbucear los nombres de las personas que cree amar. Es horrible que incluso el viento se lleve a las personas, que sus rostros se hagan trizas, que sus ojos queden vacíos de mirada y sus cuerpos lejanos, intangibles, perdidos… no, piensa uno, súbitamente dispuesto a todo, esto no puede continuar así, ni un cuarto de hora más; hay que encontrar algo”.

Viajar, a diferencia de lo que nos venden en las agencias de viaje, es una forma de sufrir; de enfrentarse a uno mismo en un paisaje desconocido que lo vuelve a uno hacia adentro, hacia un viaje personal. El texto de Schwarzenbach toma el paisaje de Persia como una excusa para tejer estas tensiones y contradicciones que afloran cuando aparece el movimiento. Decíamos que Annemarie Schwarzenbach tuvo una vida corta e intensa. Casada con un cónsul francés en 1935, en pleno período de entreguerras, obtiene un pasaporte diplomático que le permite viajar sin descanso. Se convierte en una narradora de viajes, en una fotógrafa y hasta en una pionera en el documentalismo. Sus viajes se dividen en cuatro: Persia, Afganistán, India, Turquía, Siria, Líbano, Palestina e Irak, entre 1931 y 1940. El sur de Estados Unidos, entre 1937 y 1938, donde vuelve en 1940 y conoce a la escritora Carson McCullers, quien se enamora de ella, y África del Oeste y el Congo, entre 1941 y 1942. A lo largo de estos años también recorre Europa. 

La vida de Schwarzenbah fue, como dijimos, una aberración para su familia. Su adelantada experimentación con drogas, una adicción al opio y su homosexualidad nunca declarada abiertamente (se rumoreaba que había tenido una relación con la hija de un embajador turco y con una arqueloga de Turkmenistan), la convirtieron en una mujer pionera en muchos aspectos, aunque también opacaron la obra de una de las escritoras más importantes del siglo XX. Un puñado de libros breves en su mayoría y muy bellos, con una prosa sincera y certera, que ha influenciado a escritoras importantes como Margarite Duras y Nathalie Sarraute. Tal fue el escándalo que generó su vida puertas adentro en su familia suiza que solo conocemos hasta el día de la fecha lo que ella decidió publicar en vida. Hay muchos manuscritos sin publicar en archivos suizos y alemanes que lograron salvarse de las garras bienpensantes de su madre y de su abuela, que tomaron la drástica decisión de quemar los originales de sus novelas, sus cartas y varios relatos, poco tiempo después de que Annemarie muriera por causa de una mala praxis tras caerse de una bicicleta.

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