Las palabras y los aliens

El lenguaje y la percepción de la realidad en la perspectiva de Ted Chiang, el último genio de la ciencia ficción.

FERNANDO KRAPP

La pregunta sería la siguiente, ¿qué pasaría si una nave espacial llena de alienígenas descendiera y se estacionara en las planicies de nuestro planeta? ¿Qué haríamos? El cine y la literatura vienen ensayando respuestas desde hace rato, que podríamos resumir más o menos así: ora los atacamos con las Fuerzas Armadas, el Ejército y la Otan, ora intentamos un acercamiento. El intento de acercarse siempre es igual; un biólogo los estudia y ensaya preguntas médicas sobre las estructuras moleculares de los visitantes alucinado por sus avanzadas estructuras genéticas. Pero, si una nave bajara, ¿no sería lo más atinado llamar a alguien como Noam Chomsky? Antes de ser el lingüista más importante de todos los tiempos, Chomsky fue ingeniero en informática (sus cuatro teorías sobre el lenguaje toman mucho de la programación de computadoras), pero también podríamos llamar a un personajes como Ted Chiang. Neoyorkino con ascendencia china, nacido en 1963, ex programador y redactor de revistas técnicas, Ted Chiang es uno de los escritores de ciencia ficción que tiene más galardones que obra publicada (ganó varias veces los clásicos Premios Nebula y Premios Hugo). Con apenas un solo libro de relatos titulado Story of your life and others, Chiang obtuvo un premio para cada uno de sus cuentos que, una vez compilado, ganó el premio Locus. Incluso llegó a rechazar en el año 2003 un premio Hugo a mejor relato por “Living your life: a documentary” con el argumento de que había sido por encargo y no estaba a la altura de sus objetivos.

Fundamentalista del cuento en una tierra de ambiciones novelísticas, con un enorme éxito en Japón, Ted Chiang se ha posicionado como uno de los escritores de ciencia ficción más importantes del nuevo siglo, en una era donde se proclama la “muerte” del género en manos del realismo informático, Chiang pareciera volver a postular en sus relatos las mismas preguntas filosóficas que la tradición literaria de la ciencia ficción formuló en los distintos revivals del género. Esas preguntas poco tienen que ver con el futuro más o menos cercano, con las especulaciones efectistas de las redes sociales (como la tecnofóbica Black Mirror) o las consecuencias de la ciencia y la tecnología a mediano o corto plazo. Sin ir más lejos, su cuento más famoso, “Story of your life”, que el director canadiense Denis Villeneuve llevó al cine bajo el título de Arrival, plantea la idea de un lenguaje cuya gramática, una vez analizada, comprendida y ejecutada por el hablante, es tan fuerte como un arma. El cuento plantea que, ante el contacto cercano con una nave alienígena, la NASA contrata a una lingüista para que descifre una serie de códigos. Mientras Louise va descifrando entiende que el lenguaje le permite modificar su concepción sobre el tiempo. Idea que, a mediados de la década de los sesenta, el gran enorme escritor de ciencia ficción afroamericano Samuel R. Delany también desarrolló en su novela Babel 17, donde la lingüista y poeta Rydra Wong descifraba el poder de un lenguaje intergaláctico universal sin pronombres personales que, ante el más mínimo cambio sintáctico, modifica por completo la cognición de su hablante.

Delany estaba fascinado por los mecanismos de la memoria, la física cuántica y la hipótesis Sapir-Whorf: la idea del lenguaje no como una construcción cultural sino como un generador en sí mismo de cultura y de percepción de la realidad (el  escritor inglés, bastión del weird fiction, China Mieville, otro fanático de los pulpos metafísicos como Chang, retomaría esta idea en una hermosa novela titulada de Embassytown para la cual diseñó una gramática entera hablada por sus monstruos lovecraftianos). En una entrevista para una revista técnica, Ted Chiang también se manifestó entusiasta de la teoría: “Hay ideas que son más fáciles de expresar en determinadas lenguas que en otras. Yo creo que el lenguaje define nuestra percepción de la realidad, como señala la vieja hipótesis de Sapir-Whorf, desacreditada durante años. La evidencia empírica nos dice que la traducción directa, el sentido profundo de un enunciado, es realmente posible, por lo tanto, no es descabellado pensar que las diferentes lenguas perciben el mundo, digamos ese sentido, de distintos modos. Supongo que podría haber usado para mi protagonista [Louise Banks] otros modos de percibir la realidad –drogas o tal vez la meditación trascendental– pero ninguno me parece tan poderoso como el lenguaje”.

Story of your life and other es una bocanada de aire fresco ante tanto manoseo. Leerlo es como regresar al grado cero del género, sin mezclas ni mezcolanzas, ideas que el escritor hábilmente combina con un manejo del lenguaje muy sencillo. Mieville escribió en The Guardian: “la lógica de sus cuentos es compasiva. Su humanismo está ligado al racionalismo y es el racionalismo de sus personajes lo que los vuelve emocionales y humanos”. Y si bien todos los cuentos parten de teorías matemáticas, lógicas, físicas y lingüísticas, el conflicto es siempre un conflicto por el uso racional de la técnica. Como Delany (como Sturgeon, o incluso como Bradbury), es una preocupación por el ser humano en una época de avances tecnológicos acelerados. 
Cuando a Chiang le preguntan por las adaptaciones de sus cuentos, se muestra tan entusiasta como reservado. Considera que el cine no es el mejor medio para expresar las ideas del género porque el lenguaje cinematográfico tiene otra naturaleza: las imágenes y el sonido buscan otro tipo de comunicación, más emocional, poco ligada a los mecanismos de la mente, a la forma de concebir el tiempo y el espacio. No colaboró en la adaptación de Arrival, y la vio cómodamente desde su casa en Seattle, mantenida con su trabajo como redactor técnico que le permite un ingreso fijo para manejar él mismo los tiempos de su producción literaria.

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