La clave del éxito

“Superpronosticadores” analiza las herramientas y procedimientos de los grandes gurúes para predecir el futuro

VICTORIA D’ARC
ph. Lucrezia Carnelos

Quien alguna vez haya estado en las oficinas de un financista lo sabe: desde su computadora tiene acceso permanente a datos de acciones, bonos, cotizaciones, intereses desde donde puede analizar las fluctuaciones del mercado. Es más, hasta podría tener, como alguna vez vi en el décimo piso de una torre en el microcentro, un cuadro enmarcado con las alzas y bajar históricas del MERVAL. Como si fuera una obra de arte. Es que para algunos hacer guita es un arte. Y ese arte, como cualquier otro, requiere información. Es la clave de los superpronosticadores.
¿Qué me depara el futuro? Nuestra ansiedad neurótica suele alimentarse con ese tipo de preguntas. La realidad geopolítica a merced de desequilibrados de cama solar, un planeta que se incendia desde California a Villa Carlos Paz, las múltiples aplicaciones que se entrometen en tus deseos, necesidades o en esos innecesarios caprichos que tenés cuando tenés hambre: nada de todo eso tampoco ayuda. Las personas se hacen las mismas preguntas que las empresas: ¿cómo será el futuro? Quien lo sepa, gana. Por eso, a principios de 2019, por ejemplo, la firma internacional de ingeniería Arup intentó imaginar lo que el cambio climático podría significar para su negocio en treinta años. Para hacerlo, se le encomendó a Tim Maughan imaginar cuatro “viajes de usuario” diferentes, relatos escritos que vislumbraban futuros potenciales. “Inventé una persona en estos escenarios y describí su viaje diario al trabajo”, explicó Maughan a la revista Wired. “¿Quién tiene que depender del transporte privado, quién del transporte público, quién tiene que caminar o andar en bicicleta? Eso te dice mucho sobre lo que está sucediendo en diferentes realidades. En algunos de los escenarios de Maughan, el cambio climático había devastado el planeta. En otros, los humanos habían tomado medidas para frenar el daño. El trabajo de Maughan era desarrollar esos futuros en una serie de bocetos descriptivos sin que Maughan fuera ni un científico ni un ingeniero sino el autor de Infinite Detail, una novela distópica llena de ciberterrorismo, vigilancia y anteojos inteligentes. El año pasado era habitual que escritores de ciencia ficción fueran contratados por think tanks, políticos y corporaciones para imaginar, y predecir, el futuro. La pandemia desde luego echó por tierra muchas de esas predicciones o tal vez acentuaron determinadas tendencias. En esta primera etapa creo que el lugar que ocuparon los filósofos fue del orden metafísico: en el vértigo del presente incierto, el desafío era tratar de entender esta convivencia con un virus desconocido, esta construcción de una nueva normalidad. Después volverá la imaginación pragmática.

ph. AbsolutVision

Una infancia en la que coleccionaba números de la revista Muy Interesante quizás me haya hecho adicta a esos números anuales con los que las revistas de ciencia pronostican el futuro. En relación a esto, una vez David Karpf, profesor en la School of Media and Public Affairs de la George Washington University, analizó en un largo artículo de Wired todos los pronósticos que la misma revista lanzó a lo largo del tiempo. Así, en julio de 1997, Wired anunciaba “The Long Boom: A History of the Future 1980-2020” y en la portada podía verse un globo terráqueo sonriente que sostenía una flor en la boca con esta frase: “Nos enfrentamos a 25 años de prosperidad, libertad y un entorno mejor para todo el mundo. ¿Tienes algún problema con eso?” Al año siguiente, WIRED no solo estaba apostando por el optimismo tecnológico, sino que estaba dando a los lectores consejos sobre cómo apostar ellos mismos, con su propio dinero. La revista lanzó el “WIRED Index”, una cartera de empresas en el corazón de la llamada Nueva Economía, “una amplia gama de empresas que están utilizando tecnología, redes e información para remodelar el mundo”. Aumentaría en un 81 por ciento en el transcurso de los próximos doce meses, superando a todos los demás índices financieros. El mundo cambió. Aunque la prosperidad, digamos, no se desparramó por todo el globo.

¿Alguna vez te pusiste a pensar qué hubiera sido de tu vida si se te hubiese aparecido la idea de crear Facebook? ¿O Mercado Libre? Para “pegarla”, como se dice, se necesita información, voluntad, una imaginación desfachatada y una apertura mental suficiente como para analizar los distintos escenarios que podrían presentarse. De eso se trata Superpronosticadores (Katz), un trabajo en el que Philip E. Tetlock, profesor de Psicología y Ciencias Políticas en la Universidad de Pensilvania, junto al periodista Dan Gardner, recorren diferentes estudios, experiencias e historias de meteorólogos, financistas o políticos en torno al análisis de datos y pronosticar cómo será el mundo del futuro. Sabemos: predecir esos cambios es el mayor desafío. Tetlock, en este libro, analiza las herramientas y procedimientos que utilizan aquellos que logran pronosticar más allá. Aunque no necesariamente tengan que ser grandes gurúes del futuro. El planteo inicial de Superpronosticadores sería que analizamos nuestro futuro a cada paso: al hacer una inversión, al comprar una casa, al comprometernos con alguien pero ante cada de ellas, Tetlock siempre recuerda una descripción de Keynes sobre el ciclo de las decisiones: “Intentar, analizar, ajustar, intentar de nuevo”. Esa es la clave. No muy diferente a la célebre “intenta de nuevo, fracasa de nuevo, fracasa mejor”, de Samuel Beckett. No por nada la de Beckett era una especie de oración entre los feligreses de Silicon Valley.

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