Primavera cero

El libro más famoso de Joan Lindsay, Picnic en Hanging Rocks, traducido ahora por Impedimenta, cuenta la enigmática historia de la desaparición de tres adolescentes en un bosque.

FERNANDO KRAPP

“Si los eventos contados en Picnic en Hanging Rocks son ciertos o ficticios, mis lectores deberán decidir por su cuenta”. La frase de alerta que abre el libro más famoso de la escritora australiana Joan Lindsay funcionó en el momento de su publicación como una provocación digna del márketing. Probablamente Lindsay estaba más preocupada por no aclarar el ambiente ensoñado de su novela que por dar cuenta de fechas, hechos y verdades (o no) sobre la desaparición de tres adolescentes en un bosque cercano a las rocas de Hanging Rocks, el día de San Valentín de 1900 (aunque la fecha “it´s hardly important” dice la narradora).

Escrito en un estado febril, durante cuatro semanas seguidas, Joan Lindsay terminó el primer borrador de su tercera novela. Había estado obsesionada durante muchos años con ese paisaje en el medio del desierto y decidió situar la acción central de su novela en la Australia colonial de principios del siglo XX. Lindsay había escrito tres novelas hasta la fecha, dos bajo seudónimo, luego de abandonar la profesión para la que se había formado: la pintura. En una entrevista hallada en internet, en donde se ve a una señora de modales ingleses con un manejo pleno del vocabulario y de las formas correctas del inglés, cuenta que dejó de pintar cuando entendió su incapacidad para retratar seres humanos. “Creo ser bastante buena haciendo pinturas de árboles”, dijo. Dos habilidades que se perciben en el libro: los seres humanos desconcertados por el poder de lo natural. 
Esta es la primera traducción de Picnic en Hanging Rock a cargo de Pilar Adón (impecable) para la editorial española Impedimenta. El relato está estructurado como una crónica, con un narrador que se apega a los hechos y saca conjeturas sobre lo que ocurrió. Al comienzo del relato, una nota anuncia que los hechos narrados en el libro tuvieron lugar en algún momento, aunque no es tan importante, como en las novelas de Daniel Defoe, quien probablemente haya servido de modelo para Joan Lindsay. La trama es muy sencilla. Un grupo de chicas, de un típico colegio inglés, el Appleyard, de Woodend en Victoria, van de picnic el día el San Valentín hasta unas rocas que se imponen en la chatura roja del paisaje. Después de almorzar, sin saber muy bien por qué, el reloj se detiene. Se duermen y al despertar se dan cuenta de que faltan cuatro chicas del grupo y la maestra. Al volver, la desaparición comienza a alterar a las directoras y a las maestras, que inician un rastreo por la zona para buscarlas. 

El hecho de la desaparición queda totalmente desplazado por las acciones circulares de los personajes mientras el relato avanza. Lo que importa es la forma plástica que Lindsay tiene para presentarlos y narrarlos. En una misma oración hace convivir el pasado, el presente y el futuro de cada uno de ellos sometiéndolos a un estado inamovible de las cosas. El tiempo se detiene, se forma un agujero por donde entra la narración. La resolución sobre el misterio se va desarmando en una textura ominosa; la novela se construye como un puente, un pasaje de la adolescencia a la adultez de estas chicas, un rito sexual iniciático que se pierde entre los pliegues de las piedras en medio del desierto. La novela, antes de publicarse, tuvo un último capítulo en donde Lindsay esclarecía el hecho. Su idea era contraponer la herencia gótica de la novela inglesa con el ambiente ensoñado y misterioso de las prácticas aborígenes. El choque cultural de una forma oprimida por la otra. Pero la editora antes de publicarlo le dijo que era una mala idea. Y ambas decidieron sacarlo.
La novela se publicó en el año 1967 y fue un éxito. Y gran parte se debió a que Lindsay no aclaró si la desaparición era cierta o simplemente producto de su imaginación. En 1975, su adaptación al cine a cargo de Peter Weir fue determinante para la formación del Nuevo Cine Australiano, que buscaba una forma no idealista de mirar hacia su propio pasado y hacia su paisaje. Lindsay decidió publicar el esclarecimiento años después (desoyendo los consejos sabios de su editora), pero la magia hermética del libro, su encanto rústico y primario, con esas chicas caminando entre las rocas, había sido liberado hacia el futuro para las generaciones venideras de escritores y de lectores; había construido con su novela un mito fundacional dificil de encasillar aunque fácil de entender.

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