Playlist: 5 películas argentinas

Gustavo Fontán

LAS AGUAS BAJAN TURBIAS (1952) de HUGO DEL CARRIL
Hay  imágenes y escenas de Las aguas bajan turbias que no me abandonan desde el momento  que la vi. La sensibilidad y el pudor con el que Hugo del Carril filma  los rostros y  los cuerpos sometidos al poder me resultan únicos. Me visitan cada tanto los rostros de los que van,  con algún tipo de esperanza, hacia el infierno. También los cuerpos de los que vuelven, los ahogados, la única forma de regresar.  Es magistral como Hugo Del Carril equilibra  las emociones en el relato. La ternura salva, pero tal vez no. Lo que sí  salva es la rebelión.


EL DEPENDIENTE (1969), de LEONARDO FAVIO
El trazo que hace Favio de la historia, de sus personajes,  y del mundo que lo rodea es inolvidable. ¿Hay algo esperpéntico? ¿Hay algo melodramático? ¿Una comedia negra?  Todo eso y más, contado con una gran austeridad.  Hay, sí, una desolación que vuelve intolerable la vida. En esta y en cada una de sus películas, Favio consiguió actuaciones memorables.


JUAN,  COMO SI NADA HUBIERA SUCEDIDO, de CARLOS ECHEVERRÍA
Rodada entre 1984 y 1987 la película se centra en la desaparición de Juan Marcos Herman durante la última dictadura cívico militar en la Argentina. La radiografía del terror que presenta la película eleva al máximo el poder del cine documental.  La cámara de Echeverría captura algo único en  los cuerpos y en los discursos. Los militares entrevistados, que se sentían con poder todavía,  hablan  como si la impunidad los fuera a asistir eternamente. Ante nuestros ojos esos discursos se resquebrajan, pero no del todo. Ese preciso momento. También la película nos permite ver el terror en los civiles, y  el silencio, esa otra ferocidad. Juan, como si nada hubiera sucedido.


LA CIÉNAGA  (2001), de LUCRECIA MARTEL
Me acuerdo todavía de la noche de un sábado que vi “La ciénaga” en un cine de Adrogué.  Podría describir la opresión que me embargó. La necesidad de caminar en silencio. Me acuerdo también  del modo en el que la película  comenzó a hablarme días después: la forma de narrar, el manejo del tiempo y de la trama, la construcción de los personajes y de los diálogos, lo subterráneo, lo siniestro y lo cíclico: había mucho para pensar.  Un mundo del que no se sale así nomás.  


EL SILENCIO ES UN CUERPO QUE CAE (2017), de AGUSTINA COMEDI
La ópera prima de Comedi es una maravilla, y me dan ganas de verla una y otra vez. La relación entre lo privado y lo público alcanza un equilibrio único. Comedi se hace preguntas  sobre la sexualidad y militancia de su padre, muerto muchos años atrás, y esas preguntas la llevan a otras, incluso a cuestionar  su propia sexualidad.  Las preguntas de  “El silencio es un cuerpo que cae”  trazan aristas que inevitablemente se vuelven, como en las grandes películas, también sobre nosotres. La película nos mira y nos interpela. Por suerte Agustina no tiene respuestas.


Gustavo Fontán nació en 1960. Se graduó en Licenciatura en Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y realizó estudios de Dirección de Cine en el Centro Experimental de Realización Cinematográfica (ENERC). Sus películas indagan en los cruces cine-literatura y ficción-realidad. Director de sus propios guiones, entre ellas podemos mencionar El paisaje invisible (2003), El árbol (2006), La orilla que se abisma (2008), La madre (2009), Elegía de abril (2010), El rostro (2014), El limonero real (2016) y La Deuda (2019). Como docente, se desempeña en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ y en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Fuera del país ha dictado conferencias, talleres y seminarios en Universidades de España, Italia y Estados Unidos. Ha publicado los libros de cuentos Los días vacíos (1990), La voz del sospechoso (1993) y Pasto del Fuego (2008).

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