Playlist: cinco libros para aceptar la pandemia

Una lista de títulos (que no son sobre pandemias) para distraernos, reconfortarnos o hundirnos definitivamente.

LUJÁN STASEVICIUS

Desde que se estableció la cuarentena obligatoria en Argentina – y, a qué engañarnos, desde mucho antes también – florecieron en las redes sociales interminables listas de películas, proyectos y hasta horarios a seguir. Abundan las directivas sobre qué hacer en este tiempo, siguiendo quizás sin saberlo una vez más el mandato neoliberal que exige que todo tiempo sea productivo, escapándole al aburrimiento y al ocio como si fueran los verdaderos gérmenes de este lío. Todos estos planes son, además, pensados con un punto final en mente; cuando termines este proyecto, cuando veas todas estas películas, cuando hagas, la cuarentena habrá terminado y podremos volver a lo “normal”.
No es el objetivo de la siguiente lista. En lugar de “aguantar” por un período de tiempo que nadie sabe a ciencia cierta cuán largo será, y en lugar de evitar duelar una normalidad perdida, que, seamos sinceros, ya no será recuperada, resulta interesante pensar y aceptar la nueva cotidianeidad. En este sentido, propongo cinco libros de realidades alternativas a lo que nos gustaba llamar normal hace algún tiempo. Peores o mejores que ahora, eso lo juzgará el lector. Ciertamente diferentes. Huelga decir, el orden de la lista es tan azaroso como los tiempos que nos toca vivir (y leer).

Running with scissors
Augusten Burroughs (2002)

No hay infancia ni adolescencia como la de Augusten, eso está claro. Como mínimo detalle baste mencionar que su madre lo cedió legalmente a su psiquiatra cuando tenía 12 años. En Running with scissors, su autobiografía, recorre las particularidades de sus años de formación hasta su ingreso a la universidad. El libro tiene una secuela –Dry, publicado en 2003, en la que cuenta su batalla contra el alcoholismo–  y una película canchera de principios de los 2000. Una suerte de Los excéntricos Tenenbaums, pero de la vida real. Lo interesante de las memorias de Augusten en particular es que, además de despiadadas, escapa exitosamente al tono víctima que el tema ciertamente habilita. De este modo, lo trágico se vuelve cáustico y hasta incluso cómico, dependiendo del paladar. Es justo y apropiado sostener que Augusten no es el mejor escritor que ha dado Estados Unidos. Lejos de eso. Sin embargo, la idea de esta lista no es amontonar prestigio, sino barruntar cómo empezar a pensar la nueva normalidad.


El año del desierto
Pedro Mairal (2010)

Hablemos de cuarentenas y lugares desérticos. Hablemos de la siempre amenazante y muy real intemperie. En esta novela, Mairal se le anima a un fin del mundo sin zombies y se adentra en cómo sobrevivir a lo bestial cuando hemos estado entrenándonos para lo abstracto. Fetiche de académicos en los años siguientes a su publicación, esta fina distopía sobrevive sin embargo el entusiasmo snob. Si Halperín Donghi dijo alguna vez que el proyecto Argentina era una nación para el desierto argentino, esta novela es un desierto para nuestros tiempos de pandemia.


Nada
Carmen Laforet (1945).

Barcelona, apenas unos años después de terminada la Guerra Civil Española. No hay cuarentena, si total para qué, no queda nada tampoco. Andrea, su protagonista, está fuera de lugar en todo momento, y espectacularmente sola, aunque viva en la misma casa que su familia. La primera novela de Carmen Laforet se publicó cuando ella tenía 23 años y la hizo acreedora al premio Nadal en 1945 –se dice que la escribió con tan sólo 18– poniendo de alguna manera a España en el mapa del existencialismo narrativo. Luego se volvió profundamente católica, entregando su incipiente talento literario a la religión. Nada se desarrolla en un ambiente claustrofóbico y angustiante. Falta todo en la novela, menos los secretos y las punzantes intrigas familiares. Barcelona como el escenario devastado y Madrid como la promesa de una luminosa solución hacen de esta novela una excepción en sí misma.


Cuentas pendientes
Martín Kohan (2010)

No, no voy a recomendar Ciencias Morales, sino esta breve novela que le siguió. Sabemos que el coronavirus afecta a una particular franja etaria, y el protagonista de esta novela –Lito Giménez, de casi ochenta años– podría contarse tanto entre las primeras víctimas como entre los únicos sobrevivientes. Como las cucarachas, Lito Giménez ha sobrevivido a todo, se ha beneficiado de todo y no existe mayor redención –o castigo– para él que eso; durar mientras es espectador de su propia podredumbre. Una novela que se adentra en las varias cuentas pendientes de la democracia argentina, tanto morales como políticas.


Derrumbe
Ricardo Menéndez Salmón (2008).

El infierno es ahora. Segunda parte de su trilogía del mal –precedida por La Ofensa (2007), y finalizada con El corrector (2009)– Derrumbe es el momento más álgido, lo cual en una trilogía de este tipo ya debería decirnos algo. Quizás por ser la única de las tres que no tiene una contraparte histórica –la primera tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial, y la última durante los atentados terroristas a Atocha– su universo abre un espacio ficcional en el que el caos y la angustia no tienen un límite cierto. Un asesino serial y un investigador jugando a la cacería, y todo saliendo terriblemente mal, mucho peor de lo que nos atreveríamos a imaginar en tiempos “normales”. Una introducción a la prosa de Ricardo Menéndez Salmón, uno de los artesanos más delicados, finos y precisos que ha dado España en las últimas décadas.


Luján Stasevicius nació en Bahía Blanca y estudió en la Universidad Nacional del Sur. Luego se radicó en Estados Unidos donde obtuvo su doctorado en Spanish Literature en la Universidad de Illinois y es profesora en el Center for Languages & Intercultural Communication de Rice University. Su tema de investigación está focalizado en las representaciones culturales de las crisis financieras contemporáneas tanto en la Argentina como en España.

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