Playlist: 5 libros de la colección Minotauro

Hace unas semanas se supo que la Editorial Planeta relanzará este año varios títulos de la vieja y mítica editorial Minotauro, creada por Paco Porrúa. Autores como J.R.R. Tolkien, Ray Bradbury y Phillip K. Dick volverán a circular en librerías con portadas renovadas. Acá una lista alternativa de los libros que, ojalá, también se sumen a esta esperada reedición.

Fernando Krapp

James G. Ballard está corriendo la suerte de algunos escritores que se convierten en íconos: todo el mundo lo menciona pero nadie lo lee. Y es un poco una profecía que hubiera encajado perfecto con su forma de mirar el presente. Ballard predijo su destino mejor que nadie. Tal vez, dentro del programa extendido por Minotauro, haya alguna reimpresión de alguna de sus novelas más famosas, como por ejemplo Noches de Cocaína, Crash o, quien sabe, El mundo sumergido, la primera novela de su trilogía ecológica. Pero nada parecería indicar que dentro de esa posible selección esté La exhibición de las atrocidades. Una novela, si la podemos llamar novela, en la que Ballard se propuso volver al lector literalmente loco. Varias aspectos ballardianos confluyen acá. Por un lado, la influencia de William Burroughs y su visión alucinada sobre el fin del capitalismo dorado. Con El Almuerzo Desnudo, a la manera de Artaud, Burroughs pretendió inocular al lenguaje – el virus humano por antonomasia – con una alta dosis toxicóloga para poner en escena aquello que subyace al lenguaje ordinario. Ballard, en cambio, hizo lo contrario: con un lenguaje racional y clínico, Travis – el personaje principal – atraviesa su locura dotado de una extrema claridad. Sus alucinaciones son fragmentos sobre la cultura occidental, arraigados en el inconsciente colectivo, que se vuelven familiares para el lector que, a medida que avanza, percibe que el libro lentamente lo va encorsetando. Ballard lo escribió en un momento delicado. Su esposa estaba muriendo de cáncer a una edad muy joven y para aplacar el dolor que sentía por esa vida trunca, se refugiaba leyendo historias clínicas que un amigo le pasaba para un posible experimento literario.


Angela Carter es una maldita. Escritora prolífica, refinada y exacerbada, ojalá tenga una posible reedición minotaurica. Hace poco, la editorial mexicana Sexto Piso relanzó su libro más famoso, la nouvelle La cámara sangrienta, un cuento gótico-feminista en clave medieval, sobre una mujer casada por arreglo con un conde. También reeditaron su selección de cuentos de hadas en un mágico y bello tomo. Pero Carter tiene novelas sci-fi maravillosas. Como por ejemplo La Pasión de la Nueva Eva. Una novela pos apocalíptica desarrollada, como dice la narradora, en un desierto “post menopausico”. En lo que parecen ser los restos de una California desgarrada por una guerra civil, azorada por los escalpelos de un médico nietzscheano que se hace llamar el Poeta, Evelyn, personaje principal típicamente “carteriano” (entre sumisa y confusa, perversa y adorable), da a luz a una nueva Eva; la que finalmente anuncie el Fin de los Tiempos. La de Carter es una novela trippy que supo absorber tanto de la contracultura de los 60 como de un matrimonio frustrado desde el vamos. Ojalá fuese reeditada, la verdad.


A principios de este año Gene Wolfe murió de un ataque al corazón. Tenía más de 90 años. Ningún medio se hizo eco de su muerte. Yo me enteré cuando estaba buscando información para esta nota, de pura casualidad. No hubo obituarios, ningún escritor salió a escribir la clásica nota de “cuando conocí a Gene”. Solo Neil Gaiman, escribió una breve carta de despedida, quien siempre se declaró fanático. Wolfe fue uno de los grandes renovadores del género fantasy y un gran escritor capaz de mezclar todo tipo de géneros. Hace unos años, cuando Interzona largó su serie C (que duró lo que dura un gas en una canasta), publicó Paz. Una novela rarísima escrita por Wolfe después de padecer un ACV. Minotauro publicó la saga completa del Sol Naciente, cinco tomos que persiguen la sombra de un torturador en un planeta Tierra organizado por castas cuyo sol se va apagando lentamente. La nueva Minotauro podría reeditar su primera novela, La quinta cabeza del cerbero. Una fábula medieval sobre clonación que transcurre en un prostíbulo de un planeta que fue colonizado por terrestres francoparlantes.


Minotauro también publicó en su momento novelas góticas. Autores que tomaron el género y lo reformularon en clave posmo. El caso más resonado acá en la Argentina, en los últimos años, fue el de El Curso del Corazón de John M. Harrison. Si no recuerdo mal fue la única novela publicada en español de Harrison, hasta que una editorial medio fantasma sacó dos novelas cuánticas: Luz y Nova Swing. De todas esas novelas góticas, medio ocultas y perdidas, la de William Sloane es la más atractiva. To walk the night es el título en inglés de El Tiempo de la noche, celebrada por el siempre celebratorio Stephen King. William Sloane no escribió mucho; apenas dos novelas, obras de teatro y algunas reseñas. La solapa de la edición de Minotauro dice que fue editor. En esta novelita, en la que Sloane le rinde culto a Arthur Machen y a Lord Lunsany, un hombre atraviesa la noche newyorkina detrás de la figura de una mujer misteriosa. Relectura del mito de Artemisa-Hécate, la Perséfiba de los mundos inferiores, El tiempo de la noche es una novela ágil y perfecta; un cuento gótico que absorbe lentamente al lector hasta convertir todas las noches en una sola.


De todos los libros publicados por Ursula K. Le Guin, Las llaves del aire es el menos conocido, o quizás el menos interesante, o el menos perfecto. Probablemente, el nuevo lanzamiento de Minotauro incluya la hermosa saga de Terramar, en donde Le Guin mezcló la filosofía budista con figuras de la literatura medieval y convirtió a los magos en monjes zen. O quizás alguna de sus dos novelas más bellas: Los desposeídos y La mano izquierda de la oscuridad, novela que puede ser leída hoy en clave trans. Las Llaves del aire tiene para mi un sentido especial; es el primer libro que compré de Minotauro por mi cuenta. Me atrajo obviamente la portada al estilo Magritte y ese título hermoso e irreproducible. Son cuentos en donde Le Guin probó géneros más cercanos al realismo, con climas rurales de un pasado pastoril. Ursula K. Le Guin fue hija de un antropólogo y su literatura es una profunda reflexión sobre eso que los antropólogos llaman “otredad” como una forma de conocimiento de sí mismo. Y ese libro, como el título lo indica, es una llave para entrar a un maravilloso mundo flotante.

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