Parranda

El poeta chileno Nicanor Parra admiraba el Martín Fierro y los escritores argentinos lo admiraron a él. Influencias y legado del antipoeta.

DIEGO ERLAN

La relación con la literatura argentina está en el centro de la poética de Nicanor Parra. Y por eso admiraba el Martín Fierro. Una vez, en julio de 1972, se lo dice a Paco Urondo, en una entrevista para La Opinión. En diciembre de 1985, en una escuela de Villa Soldati, invitado a dar una conferencia por el Encuentro Internacional de Cultura organizado por el gobierno de Alfonsín, el antipoeta chileno explicaría: “Ustedes los argentinos deberían estar orgullosos del Martín Fierro ya que el poema tiene de todo y se puede leer de muchas maneras: como un poema épico, como una novela de aventuras, hasta tiene pasajes con imágenes surrealistas antes del surrealismo. Es un poema total, completísimo. El Martín Fierro no es la voz de un hombre, es la voz de un pueblo”. También lo dice en el primer número de la mítica y efímera revista 18 whiskys de noviembre de 1990. Pero ahí también agrega a Macedonio Fernández en su altar. Lo considera un maestro absoluto “porque estaba mucho más cerca que nosotros de la opacidad”. Parra entiende la necesidad de “desimpostar la voz hasta llegar a una especie de comun denominador, a un idioma hablado por nadie”.

Con esta referencia a Macedonio, entonces, no resulta extraño que Ricardo Piglia lo señale como una de sus influencias. “Me atrae la voz precaria que aparece en los poemas de Parra”, dijo en una entrevista en La Tercera de septiembre de 2012. “Es frágil, lucha con el sentido, ironiza, y es ahí donde yo le veo conexiones con Borges.” Para Piglia, “la poética de Parra es como la de Borges, más contemporánea. En otra revista chilena, The Clinic, Piglia sostiene que hay una gran tradición de la poesía argentina, que va de César Fernández Moreno a Paco Urondo y Mario Trejo, muy ligada a la obra de Parra”. Fogwill tenía una frase donde elevaba a Parra como referente y liquidaba a Neruda: “Creo que Neruda es un poeta esterilizante. Si uno se queda pegado a Parra, te puedes transformar en un gran poeta. Si uno se queda pegado a Huidobro, puede ser un gran poeta y llamarse Borges. Pero si uno se queda pegado en Neruda, no queda nada. Termina como Víctor Heredia, o como los malos cubanos.”

Fabián Casas, que fue testigo de aquella entrevista de Parra en Chile que salió en la 18 Whiskys firmada por Alejandro Ricagno y Mario Varela, dice que el lector más persistente de Parra en la Argentina fue Rodolfo Edwards. Aunque como sucede con muchos grandes poetas, dice Casas, “se los lee aunque no se los conozca, te influyen por wi fi”. Edwards, que le hizo una entrevista después que Parra diera aquella conferencia en la escuela de Villa Soldati en 1985, es un poco más cínico: “No creo que Parra haya sido muy leído o apreciado por lectores y poetas argentinos”. Piensa que hay motivos para esta indiferencia: “La poesía argentina es marcadamente libresca y siempre ha generado anticuerpos hacia todo ‘lo popular’ y el humor. En la poesía argentina casi no hay humor, salvo en Girondo, Nicolás Olivari y paremos de contar. Parra es un gran humorista, un standupero genial. Parra trabaja sobre la interferencia de discursos sociales de todo tipo, con la lengua como una materia viva y cambiante. A mí Parra me enseñó que la poesía puede estar en cualquier parte, aún en las cosas más banales. Él dice que ‘todo es poesía menos la poesía’ y esta frase dice muchísimo sobre el estado de la poesía que suele alejarse demasiado de lo humano y se transforma en un discurso inerte e inofensivo.”

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