La frontera

¿Qué sucede en el momento de escribir un guión de cine basado en un texto propio? La autora cuenta cómo fue el proceso de adaptar Mandinga de amor a la pantalla

LUCIANA DE MELLO

El día 14 de abril de 2016 presenté Mandinga de amor en Casa Brandon. Algo empezó y terminó ese día en mí. Ahora que lo pienso, no podría haber sido de otra manera ni en otro lugar. Si bien ya habían salido reseñas sobre el libro, era la primera vez que alguien hacía una lectura en vivo de algo que yo había escrito. Liliana Viola, Claudio Zeiger y Silvia Delfino, les presentadores, me dieron lentes nuevos para leer de otra manera una historia que por un lado ya empezaba a sentir vieja y al mismo tiempo volvía a comenzar.
Una de las impresiones que más retengo de esa noche fue llegar apurada al lugar con mi hija bebé en brazos, mi hijo de 9, un marido y muchos nervios. Quien nos recibió fue Julieta. Hubo un saludo confuso en el que pensé que era parte del staff de Brandon pero no. Ella había sido la primera persona en llegar, y después de una breve presentación en la que me contó cómo la había atravesado la lectura de Mandinga me dijo: “Quiero hacer la película”. Fue como atragantarme con una emoción a la que no le podía dar espacio. Mi primera novela, la noche de su presentación. Todo lo que yo había aspirado era a que se publicara sin que ninguno de mis afectos saliera herido. Y en medio de esa noche, que yo vivía como una fiesta de casamiento conmigo misma, la sola idea de hacer una película era como si me dijeran: “Hola, soy tu nuevo amor y te espero después del divorcio que se te viene.” 

Me pareció un acto de fe, un deseo muy fuerte de alguien a quien no conocía, un gran halago para la novela que acababa de publicar, pero al mismo lo que me proponía Julieta me sonaba tan fuera de lugar como una nota al pie. Me parecía que había mucho camino por recorrer antes de pensar en que esa novela se pudiera filmar. Así pasaron tres años y una reedición hasta que volvimos a hablar y comenzar el proceso de hacer juntas un guión sobre ese texto que escribí. La reedición de la novela trajo un nuevo marco desde donde fue leída: la colección 8M del diario página 12 en el 2018. El año en que la marea feminista ocupó las calles y se replicó en todo el mundo, Mandinga seguía generando nuevos espacios para pensar el mundo íntimo y público de los vínculos que las mujeres atravesamos, sufrimos, transformamos y sostenemos, los límites físicos, geográficos, lingüísticos, éticos por los que transitamos sin tener plena conciencia, la mayoría de las veces, de qué manera los percibimos.
Como autora, estos años fueron los que necesité para alejarme lo suficiente de esa primera historia que se publicó en 2016 y que yo creía terminada, de esa firma que me responsabiliza por lo que hice, que me otorga propiedad y por lo tanto crea un halo de conciencia sobre lo escrito. Lo que se está amasando ahora en forma de guión ya no se relaciona con el simulacro de lo “mío”. Está la visión de Julieta, de las directoras que trabajan con ella, de les lectores que pasaron por el libro, de les riverenses que nos abrieron las puertas de sus casas para contarnos y mostrarnos su propia frontera. No estaré escribiendo sobre un espacio vacío, no. Escribiré con el texto de Mandinga presente, como cuando digo que son las mismas manos, el mismo cuerpo el que se sienta a escribir cada vez, aunque siempre diferente. Me casé y me divorcié de mi misma. Me volví a elegir: soy aquella y soy otra. Ahora ya puedo dejar que la escritura sea también una manera de a dos, una posibilidad de habitar la incertidumbre en la frontera.

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