Indios estelares

Con una desbordante e inspirada fantasía, Sergio Bizzio propone en esta reedición de Mansalva la fuga hacia arriba como explicación lánguida a una tragedia argentina

FLAVIO LO PRESTI

A la crítica que busca dejar manifiesto el valor de un libro se le notan los hilos al menos en dos aspectos: por un lado, el deseo del crítico de sostener, en un determinado ecosistema y persiguiendo intereses disimulados, la importancia de unos elementos por sobre otros (como Borges bancando el orden del policial contra el desorden del psicologismo o Sarlo haciendo de la negatividad de la obra saereana el punto de máxima estima de un determinado estado de literatura); por otro, la voluntad de hacer pasar los aspectos de un libro por elementos valiosos en sí, algo que parece desarmarse cuando vemos que el laconismo es genial en un autor y en el autor siguiente el mismo recurso es visto como anemia, o sequedad.

Sergio Bizzio

Todo esto para decir que En esa época, de Sergio Bizzio, es un libro extraordinario, y que podemos abundar en desgloses de los materiales que lo componen y podemos andar en círculos en su intelección y arriesgarnos a que se nos señale que nuestros elogios son pasibles de transformarse en lo contrario bajo la mirada de otro lector. A pesar de esa posibilidad, es difícil abandonar la impresión un poco tardía de estar ante un gran libro: esta reedición de la novela viene a saldar la deuda que muchos lectores prejuiciosos adquirimos cuando la desdeñamos, convencidos de que la obra temprana de Bizzio era una variante epigonal de la de César Aira.
Es fácil caer en ese juicio. El continuo delirante y las transformaciones disparatadas que definieron la sorpresa que la obra de Aira significó en la literatura argentina, más cierta recurrencia temática (la pampa, el desierto, los pueblos originarios, el cruce ambiguo y descompuesto entre la civilización y la barbarie) parecen ubicar a En esa época en ese estante despectivo, pero basta con leer las primeras páginas de la novela de Bizzio para sentir el poder creativo propio del autor, que además ya ha dado una serie de libros insoslayables, Era el cielo, Rabia, Chicos, y la hermosa El día feliz de Charlie Feiling (escrita en colaboración con Daniel Guebel).
En esa época parte de una premisa sencilla: el sector del ejército encargado de cavar la famosa zanja de Alsina (un delirio con el que la realidad Argentina puso a prueba a su propia literatura) encuentra un plato volador enterrado cerca de la superficie. A partir de ahí, todo es mérito y técnica: Bizzio maneja una paleta emocional amplísima, diversa, contradictoria, componiendo cuadros de una ternura inesperada (reencuentros familiares, escenas de protección fraternales, reconocimientos inesperados), estirando el verosímil verbal con una lengua muy cercana al presente (tanto indios como extraterrestres abundan en coloquialismos argentinos contemporáneos), improvisaciones virtuosas (“al principio fue un movimiento imperceptible: lo notaron solo cuando la puerta, que había desaparecido a la izquierda, reapareció por la derecha. Parecía mentira que la referencia fuese la puerta y no los caballos que, todavía atados a la nave, giraban con ella”).

En la descripción, el parecido con la obra de Aira es evidente, pero hay dos aspectos diferenciales de la escritura de En esa época que, hoy, parecen una ventaja: la prosa de Bizzio, precisa y llena de detalles de gran belleza, está despojada de toda ironía teórica (lo que nos lleva a concluir que quizás no sea el delirio lo que empaña a la obra de Aira de metaliteratura y distancia); los golpes de la trama son, en la novela, calculados con una genuina, casi regocijada voluntad de sorpresa: los capítulos terminan en cliffhangers planeados y escritos con habilidad, y recuerdan la emoción banal e incontestable de los finales televisivos. Como dijimos en el primer párrafo, esto puede sonar como un elogio o una crítica según el oído.
Finalmente está el trabajo que la novela hace sobre la historia, el anacronismo justiciero, como sucedía en Bastardos sin gloria de Quentin Tatantino, o hasta en Django sin cadenas. Me excede la reflexión sobre si la reescritura de una tragedia es una forma de banalizar la experiencia y la historia. Como con las películas del buen Quentin, uno la pasa muy bien con la novela de Bizzio. Queda para críticos de verdad (o comentaristas de redes) la evaluación ética de la decisión de absolver (con mucha gracia) a Roca de una masacre concreta.

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