Playlist: escritores que dibujaron

Trazos, letras, formas distintas de la imaginación se entrelazan en los nombres de esta lista con la que celebramos el día de los que dibujan

Franz Kafka

En una de las entradas de su diario, Kafka desiste de convertirse en dibujante. Consideraba que nunca llegaba a conseguir lo que imaginaba. Eso le pasaba también con sus textos. Aunque no terminó de desarrollar completamente sus dibujos, podemos advertir en los que se encontraron recientemente que Kafka tenía una noción del movimiento bastante impactante. La perspectiva rota del hombre de negro atormentado sobre su mesa de trabajo (quizás uno de sus dibujos más conocidos) tiene una expresividad punzante. En este esbozo vemos el movimiento: el de la ciudad, los carros, los caballos, el de las prendas. Casi como si lo único que buscara en estos trazos fuera conseguir eso.


Sławomir Mrożek 

Combinó la clásica sátira social con fábulas y leyendas de orientales. Escritor fino y milimétrico, claro y eficaz, escribió bellos textos breves, y participó activamente de la escena teatral polaca, con obras producidas por el director de cine Andrezj Wajda. Finalmente se exilió en Italia y Francia, y más tarde en México (donde murió en el año 2013), sin dejar de escribir ni de trabajar en la escena teatral. En español apenas se conocía su obra hasta que Acantilado se tomó el trabajo de traducir sistemáticamente sus libros de cuentos y novelas (recomendación aparte para El árbol), memorias y ensayos. Mrozek, sin embargo, empezó como dibujante, trabajando para diarios oficiales, haciendo cómics satíricos sobre la ocupación soviética en su país. Estudió Arquitectura y Bellas Artes por unos años, luego Filosofía Oriental y rápidamente se unió al partido de los trabajadores. Su trabajo como caricaturista fue compilado en libros y muchos de sus libros, como por ejemplo la novela El Elefante, llevan dibujos del propio autor.


William Blake

Blake fue un artista incomprendido en su época: la única exposición retrospectiva de su obra fue reseñada con acritud por críticos cuyo nombre se recuerda solo por la repulsión a la obra del artista. Reconocido principalmente como poeta, Blake consideró, sin embargo, indivisible su obra pictórica de su obra literaria y a menudo ilustró sus propios poemas con las sobrecogedoras imágenes que producía su imaginación. A pesar de que su poesía y sus ideas son luminosas, expansivas, igualitaristas (abjuraba de la esclavitud, consideraba iguales a todos los hombres y mujeres y había abandonado todos los cultos religiosos por su naturaleza represiva) una visión superficial de sus grabados y pinturas no produce una sensación de alegría inmediata. Más bien, es difícil contemplarla sin la aprensión que produce lo que nos excede: los cuadros de Blake, que consideraba que la sabiduría estaba en los detalles (y también el placer) dan un poco de miedo. Como este Dragón Rojo.


Bruno Schulz

En 1920, a los 27 años, Bruno Schulz trabajaba casi en secreto las ilustraciones que integrarían el volumen The Booke of Idolatry, que expuso en galerías. Tímido hasta un grado patológico, conocemos la literatura de Bruno Schulz casi de casualidad porque sus amigos le arrancaron los textos de las manos para publicarlos. Cuando apareció Las tiendas de color canela, Schulz fue saludado por la élite cultural polaca como un notable innovador.  “Enchanted city II” es una de sus ilustraciones. Más allá de la evidente maestría de Schulz, su obra no trascendió de ese pequeño grupo de “conocedores”. Al estallar la Segunda Guerra Mundial fue internado en el gueto de su ciudad natal, donde en 1942 lo asesinó un agente de la SS.


Alfred Kubin

Es otro caso del que conocemos más al escritor que al artista (gracias, en definitiva, a esa inquietante novela de 1909 Die andere Seite, inspirada en la muerte de su padre, que La Bestia Equilátera tradujo como El otro lado), y no sería justo incluirlo en esta serie de escritores que alguna vez dibujaron como Kafka. El mundo de pesadilla que Kubin plasmó en sus dibujos refleja su propia agitación interna: intentó suicidarse en 1896 y sufrió un colapso mental en 1903. Después de eso todo es oscuridad, morbidez y distorsión.


Günter Grass

Antes de ganar el premio Nobel y de ser acusado por ser miembro de las juventudes nazis, Günter Grass estudió dibujo y pintura durante 5 años, antes de dedicarse plenamente a la actividad literaria. Grass, participante activo del llamado “Grupo del 47”, dijo en numerosas ocasiones que su oficio como dibujante fue de gran utilidad para la escritura de El tambor de hojalata, libro que lo llevaría a la fama mundial, y que sería adaptado al cine en una muy buena versión por Volker Schlöndorff. Y tan alejado no está. Si se observa en detalle sus dibujos, su precisión por el detalle, las distintas capas para marcar la línea, con motivos surrealistas y disparatados, se llega a entender más la prosa plástica, cargada de sinestesias, del escritor alemán nacido en Danzig en 1927. Pocos años después de su muerte, sus dibujos fueron vendidos a las mejores galerías del mundo, subastados por marchands y coleccionistas.


Copi

Raúl Damonte, Copi, dijo que no importaba si era argentino, como no importaba si alguien era japonés. Dijo que solo en  Argentina le recordaban que era argentino, y dijo que era un Argentino de París. También era un escritor y un dibujante, y un performer: pasaba de un estado a otro con la gracia con la que pasan las cosas de un estado a otro en su narrativa. Como dibujante hizo una carrera instantánea en Francia (Nieto de Natalio Botana, había empezado colaborando en medios gráficos argentinos) y se hizo conocido con la extraordinaria tira gráfica La mujer sentada. El trazo de su dibujo es engañosamente ingenuo y en apariencia sencillo. Oscar Masotta señaló que en la quietud entre cuadro y cuadro se cuela una pausa que vuelve al tiempo el objeto de su reflexión. No sabemos si esta cavilación más o menos sutil de Masotta da en el clavo, pero lo que sí que la gracia del pollo y la mujer sentada trasciende las explicaciones.


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