El sentido de lo diverso

Durante toda su vida, el poeta y aventurero Víctor Segalen quiso escribir un ensayo sobre el exotismo. Nunca llegó a terminarlo pero las anotaciones y las ideas en torno a ese tema revelan valiosas reflexiones sobre la otredad.

DIEGO ERLAN

En octubre de 1904, Víctor Segalen tenía 26 años y frente a las costas de Java, mientras regresaba en barco a Francia, se le ocurrió esta idea: “escribir un libro sobre el exotismo”. Citaría a Marco Polo, desde luego, pero también a Bernardin de Saint-Pierre, a Chateaubriand, a Pierre Loti. Quería estudiar cada uno de los sentidos en relación con la cuestión: la vista y por eso los cielos; el oído y por eso las músicas exóticas. Y sobre todo pretendía estudiar el olfato pero no así el gusto ni el tacto ya que le resultaban poco relevantes. Nadie lo consideraba aún un aventurero. Era médico. Era arqueólogo. Era poeta. ¿Se habrá considerado aventurero él mismo? ¿Se habrá considerado poeta? Un año antes, en Nueva York, en una escala antes de emprender ese largo viaje a Tahití del cual regresaba, Segalen había escrito su primer poema. Había publicado en Le Mercure de France un ensayo sobre un pintor por entonces casi desconocido que a él le fascinaba: Paul Gauguin. Nada más. Ese libro que empezaba a esbozar, esas aproximaciones sobre lo que él llamaba exotismo, que no se parecía en nada a la idea de exotismo que tenía el mundo occidental, ese mundo que consideraba que todo giraba en torno a él, ese mundo que le aterraba (y aún le aterra) encontrarse con el Otro, surgieron con la potencia de lo inminente. Sin embargo nunca pudo terminarlo. Quedaron sus borradores, sus notas, el diario que mantuvo durante catorce años. Ensayo sobre el exotismo, una estética de lo diverso (La línea del horizonte) nos sumerge en los destellos lúcidos de ese trabajo inconcluso.

Axel Gasquet, catedrático de Literatura y Civilización Hispanoamericana en la Université Blaise Pascal de Francia, autodefinido como nómade geográfico y cultural, alguna vez se hizo esta pregunta: ¿cómo puede ser que un simple desplazamiento logre influir a los individuos hasta plasmar diferentes grupos sociales y modificar de modo sistemático y duradero eso que llamamos cultura? Sumergirse en las notas de Segalen permite observar justamente ese proceso. El punto de partida para una reflexión que lo acompañará toda la vida, y que incluso lo llevará a interesarse por la figura de Rimbaud (Segalen investigó el extravío del poeta en su ensayo “Le double Rimbaud”) y a escribir un libro poco leído todavía en español como Estelas. En uno de sus poemas, titulado “Sin marca de reino”, Segalen escribe:

“Atento a lo que no ha sido dicho; sometido a lo que no se ha promulgado; postrado ante lo que aún no existe,

Consagro mi alegría y mi vida y mi piedad a denunciar reinos sin edad, dinastías sin acontecimientos, nombres sin personas, personas sin nombre,

Todo lo que el Cielo Soberano engloba y el hombre no realiza”

Empezó a escribir Estelas en 1910 instalado en Pekín. Durante casi ocho meses escribió diariamente esas “prosas cortas y duras” donde volcaba “todo lo que tenía que expresar”. La primera publicación fue en 1912: trescientos ejemplares que no estaban a la venta pero que circularon en la capital china entre sus conocidos. Un año después se publicaría en París la edición definitiva, a la que le agregó otros seis poemas. Según Segalen, las estelas eran, en principio, postes de madera erigidos delante de palacios y templos para conocer la sombra del sol y amarrar las bestias. Luego, los postes fueron sustituidos por lápidas de piedra rectangulares. Durante la dinastía Han se las colocó en lugares prominentes de palacios, templos, tumbas, caminos, puentes, y tenían inscripciones. Estas aludían a las virtudes de un difunto, o hacían referencia a la victoria del ejército imperial o de un general. También podían contener edictos, oraciones, panegíricos, conmemoraciones. De esta manera se originó un arte de erigir, esculpir y adornar estelas. Según los críticos, Segalen crea en Estelas un cruce entre poesía y pintura y elige para el libro una estructura que ordena los sesenta y cuatro poemas según las cinco direcciones de la tradición china: este, sur, oeste, norte y centro. Debajo de cada título, y a la derecha, aparecen ideogramas chinos que al parecer serían como una clave para la comprensión de ese texto.
Ocho años después de escribir ese libro y catorce de haber tenido la epifanía sobre el exotismo, en octubre de 1918, Segalen persistía con la idea y ajustaba cada vez más su objeto de reflexión:

“La sensación de lo diverso crea la capacidad de distinguir”

VÍCTOR SEGALEN

“Me propongo llamar Diverso a todo lo que hasta hoy se llamó extranjero, insólito, inesperado, sorprendente, misterioso, amoroso, sobrehumano, heroico y aún divino, todo lo que es Otro; es decir, incluir como valor dominante en cada una de esas palabras la parte esencial de lo Diverso que oculta cada uno de esos términos.

Reservo para la palabra estética el sentido preciso, el de una ciencia precisa que le han impuesto los profesionales del pensamiento que lo conserva. Es al mismo tiempo la ciencia de lo que se ve y del embellecimiento de lo que se ve; es la herramienta de conocimiento más maravillosa que hay. Es el conocimiento que no puede ni debe ser más que un medio, no para toda la belleza del mundo, sino para aquella parte de la belleza que cada mente, lo quiera o no, posee, desarrolla o descuida. Es la visión propia del mundo.”
Me gusta pensar que ese libro sobre el exotismo hubiera sido como el manifiesto estético de Segalen. La síntesis de sus ideas. En tiempos en los que algunos se sienten amenazados por el Otro, por las culturas que no entienden o desconocen, y donde la supuesta seguridad se encuentra entre los que piensan igual a uno, ideas como las de Segalen son revolucionarias: “La sensación de Exotismo aumenta la personalidad, lejos de ahogarla la enriquece”, escribe en sus notas. “La sensación de lo diverso crea la capacidad de distinguir. Los que le toman el gusto salen reforzados, aumentados, intensificados.”
A veces, por mera curiosidad, uno tiende a preguntarse cuál fue la última frase que las personas dicen, la última línea leída, como una especie de interés por el punto final de una vida. ¿Cómo sería el punto final de Segalen? La escena es dramática. Luego de estar casi un año enfermo y recuperándose en Bretaña, el 21 de mayo de 1919 Segalen es encontrado muerto en el bosque de Huelgoat al pie de un árbol con una herida en la pierna. Junto a él, un libro de Shakespeare abierto en las páginas de Hamlet.

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