Playlist: cinco libros raros

Tomás Downey

Abecedario de las muñecas, de Camilla Grudova

Un libro producto de una imaginación sombría y fecunda. Todos los cuentos transcurren en mundos dislocados muy similares entre sí; un tiempo anacrónico con climas distópicos, tamizados por un aire melancólico y templado. Sus protagonistas, casi siempre mujeres, trabajan en fábricas hasta desmayarse del cansancio, buscan marido entre los hombres ensimismados que rinden una y otra vez exámenes de filosofía, esconden sus bebés de un Estado que prohíbe tenerlos. Hay algo muy kafkiano en Grudova, tanto en su estética como en esa resignación cansada con que sus personajes padecen el absurdo.


Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina, de Liudmila Petrushevskaia

Los cuentos de Petrushevskaia son pequeñas fábulas con un pie en el realismo y otro en el delirio absoluto. Sus personajes son oscuros; o tristes, o crueles. Los relatos siguen una lógica que se retuerce o se corta de repente, pero que siempre se transforma. El laconismo convive con un desborde constante, una fuerza que se lleva puesto al lector y lo deja tumbado.


Cuentos de lo extraño, de Robert Aickman

Esta antología, editada por Atalanta, tiene grandes relatos de uno de los maestros del weird anglosajón. Textos de entre treinta y cincuenta páginas con atmósferas inquietantes, tensos como cuentos pero en el marco de una estructura más arbórea, como novelas breves. En Aickman, lo extraño no es algo que irrumpe sino algo que los personajes salen a buscar. Casi todos sus cuentos transcurren en medio de viajes: en islas, valles silenciosos y vacíos, hosterías misteriosas o pueblos costeros fuera de temporada. Muchos de sus personajes nunca vuelven.


A mí no me engañas, de Kelly Link

La imaginación de Link trabaja en otra escala. Con una estética (y temáticas) pop, en sus mundos conviven la extrañeza, lo hermoso, la risa, lo siniestro. Superhéroes con crisis de pareja. Adolescentes multimillonarios que viajen en jets privados y hacen construir pirámides para cuando mueran, pero que mientras tanto usan para las fiestas, el sexo y las drogas. Jóvenes estrellas de Hollywood, ya no tan jóvenes y quizás algo caídas en desgracia, que tratan de invocar fantasmas en un reality show. Aunque trabajen sobre lo pequeño, sobre la intimidad de los personajes, cada cuento de Kelly Link es como un parque de diversiones.


Gracias, de Pablo Katchadjian

Katchadjian parte de una historia simple, de fábula o cuento infantil: hay una tierra lejana, un castillo, héroes oprimidos y malvados opresores; pero luego le da una vuelta, y otra, y otra. La estructura se repite y avanza por medio de variaciones. La lógica del relato es a la vez absurda y perfecta, se atasca sin dejar nunca de moverse hacia adelante. Gracias es muy distinto al resto de los libros que mencioné (y no solo porque es el único que no es de cuentos), no trabaja con la tensión ni con imaginarios cercanos al terror, que siempre tienen un pie en el verosímil del realismo. Pero Gracias, en realidad, es distinto a todo. Un libro lúdico que es puro disfrute y que construye un mundo desde los cimientos, un mundo tan etéreo y artificial como sólido y concreto.


Tomás Downey nació en Buenos Aires, Argentina, en 1984. Es guionista egresado de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica. Su primer libro, Acá el tiempo es otra cosa, fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes de Argentina y elegido finalista del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, organizado en Colombia, por un jurado constituido por Hebe Uhart, Alberto Manguel, Carla Guelfenbein, Héctor Abad Faciolince y Javier Rodríguez Marcos. Downey ha publicado cuentos en antologías y colaborado en medios gráficos. Su segundo libro, publicado por Fiordo, fue El lugar donde mueren los pájaros.

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