La música de las arañas

El poeta y narrador dominicano Frank Báez presenta “Telarañas”, el primer libro de poemas de la performer y artista guatemalteca Regina Jose Galindo cuya obra expone con brutalidad la realidad latinoamericana.

FRANK BÁEZ

Hace unos días leí que las arañas suelen tensar sus telarañas y tocarlas como si fuesen instrumentos musicales. Y realmente son instrumentos musicales, ya que emiten un sonido, una musiquita, que es imperceptible para nosotros los humanos, pero que las arañas y sus presas pueden oír con claridad. Es más, las arañas se enteran de que han atrapado un insecto por el sonido que hace la red, y por este particular sonido, conocen el rincón de la telaraña donde está la presa. Traigo todo esto a colación por Telarañas, el primer poemario de la artista guatemalteca Regina José Galindo. Al igual que esas telarañas a las que hacía referencia, este libro posee las suyas, estas partituras, estos poemas, que Regina José Galindo ha sabido afinar hasta lograr sacarles la música más trágica de la realidad latinoamericana.
Conocida en el mundo del arte por sus performances y sus instalaciones, Regina José Galindo no requiere de mucha presentación. Aunque quizás el que se conozca tanto haya llevado a que realmente se desconozca. Pero pongamos el caso que usted nunca haya escuchado hablar de ella.  Le recomiendo entonces que compre este poemario y lo lea, y luego entre a su página en internet y vea las fotos, videos y artículos que documentan sus performances y sus acciones. En caso de que sea una de esas personas que ya conocen su obra artística premiada y elogiada en Europa y en Latinoamérica, este libro del que hablo es vital.    

Las menciones a asesinatos, a descuartizamientos, a vejaciones, a humillaciones y a violaciones, hermana esta obra con la de otro centroamericano, el escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya. Sin embargo, muchas de las alusiones de este poemario van más allá de la tradición literaria centroamericana y del hiperrealismo, más bien tienen sus orígenes en la convulsa historia guatemalteca y sobre todo en el genocidio maya ocurrido en los ochenta. Así que no resulta extraño que el leit motiv del libro sea “abrir las piernas”, referencia a la cultura de la violación y el sometimiento que heredamos de los conquistadores.
Regina José Galindo es capaz de tomarle el pulso a la ciudad. Puede descifrar los grafitis y leer los mensajes ocultos que muestran las vallas publicitarias, las redes sociales y los medios de comunicación. Para ella el consumismo, la religión y la política son organismos represores que nos reducen a una sombra, que es una de las metáforas que la poeta utiliza en el libro y en uno de los poemas más desgarradores:

Soy
Sombra
De mi sombra

Nada
Ni nadie
Sigue mis pasos

Invisible
Intangible
Imposible
Irrespirable

A lo lejos
Un perro adivina mi presencia
Pero no ladra

Ahora bien, la pregunta sigue siendo, ¿hay relación entre su poesía y su obra performativa? A mí me parece que existen vasos comunicantes. Incluso me atrevería a decir que sus poemas prefiguran sus performances, que estos no son más que la puesta en escena de su poesía. A diferencia del político o el general, Regina José Galindo solo puede contar con un cuerpo: el suyo. Por tanto, es en su ser, en su piel y en sus entrañas, donde se combate contra el dolor, contra el vértigo, contra la náusea y contra la muerte. El procedimiento recuerda a esos chamanes que se sentaban ante la fogata en torno a la tribu. Los espíritus volaban en los alrededores y se le metían dentro al chamán y este les entregaba su boca, sus labios y su garganta para que hablaran. Este procedimiento no lo hereda de la posmodernidad, sino que viene de los albores de nuestra civilización.
Pero volvamos al libro. Esta bella antología que reúne textos escritos entre el 2009 y el 2014 ha sido publicada por la editorial guatemalteca Ediciones del Pensativo. A diferencia de las antologías de poesía tradicionales la selección no se ha hecho en orden cronológico, sino que se ha agrupado en los siguientes ejes temáticos: Yo, Nosotros, Los otros, Ella que soy yo, Resentida, Paisito y Mínimos. 

Hay que señalar que los poemas de Regina José Galindo no poseen los ropajes de la retórica y del barroquismo tan común en la poesía de estos lares. En cambio, acá la franqueza y la honestidad se imponen a cualquier estética, ya que el mensaje debe funcionar como una de esas bombas molotov que lanzan los estudiantes a la policía, lo que claro está, no impide que de tanto en tanto, aparezcan unos poemas tiernos, donde se resalta la felicidad, el amor y la alegría. De estos últimos, algunos están dedicados a sus amigos y a sus familiares, pero sobre todo a su esposo Karma Davis, que es dominicano, y a su hija Isla, que es dominico- guatemalteca. No es casual que el poemario termine con la palabra silencio. Me remito nuevamente al título del libro y a la portada que muestra una arañita sonriente. Y aprovecho para recordarles que si por obra de la poesía quedan enredados en una de estas telarañas y la música los empieza a envolver, no luchen ni se angustien, que la araña aparecerá, y entonces, sólo entonces, vendrá la promesa del silencio.

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