Función privada

La autora de Los sorrentinos elige cinco películas inolvidables de su infancia

VIRGINIA HIGA

Milagro en Milán
Vittorio de Sica, 1951

Esta es la película favorita de mi mamá. Cuando mis hermanos y yo éramos chicos, ella nos la contaba como un cuento, con muchísimo detalle, como un personaje de Manuel Puig. La narración de películas es un género en sí mismo. Cuando por fin la vi, de grande, tuve una experiencia rarísima: todo era familiar y nuevo a la vez. Es una película hermosa, en apariencia ingenua pero con un profundo mensaje social y humano. Y la escena final de las escobas volando sobre el Duomo de Milán es para llorar y reír y ver mil veces.


Bellíssima
Luchino Visconti, 1951

Las mujeres de mi familia materna luchaban siempre para domar su pelo y creo que se identificaban con Anna Magnani porque era la actriz con el pelo más rebelde del cine. Esta película vale la pena porque es una joya, pero sobre todo para verla a ella, observar todo lo que hace: cómo se peina, cómo abre una ventana o se ata los zapatos.


Miseria y nobleza
Mario Mattoli, 1954

Totó era el Buster Keaton italiano, una máscara de la comedia y la tragedia fusionadas en el mismo rostro. Hizo muchísimas películas y filmó con grandes directores, pero elijo esta porque muestra las contradicciones fascinantes del pueblo napolitano y por esa escena (que a todos los italianos que conozco los avergüenza, aunque no lo admitan) en que la familia se abalanza con las manos sobre una fuente de spaghetti.


C’era una volta (El milagro)
Francesco Rosi, 1967

Un cuento de hadas sin moraleja y con Sophia Loren. Esta tiene todos los elementos de los cuentos populares: la injusticia, la pobreza, la oscuridad, la magia, el amor. Hoy se diría que todo en ella es políticamente incorrecto, pero los cuentos de hadas son así, se sumergen en las profundidades de la naturaleza humana y escarban en sus peores prejuicios y miserias. La belleza de la protagonista es una fuerza de la naturaleza. Pensar que antes del cine la gente sólo conocía las caras de la gente que tenía cerca. ¡Qué suerte tenemos nosotros de poder ver tantas cosas! Ojalá nunca hagan una remake.


Ohayō (Good Morning / Buenos días)
Yasujiro Ozu, 1959

No es italiana, pero la incluyo igual porque fue la primera película que vi de Ozu y me enamoró para siempre esa forma tan sencilla y a la vez tan profunda de contar la vida cotidiana. La historia empieza con una trama pequeñísima: la plata extraviada de unas expensas vecinales y la sospechosa compra de un lavarropas, que despiertan una serie de chismes y mezquindades en el barrio. Al mismo tiempo, el pequeño Isamu y su hermano mayor deciden hacer huelga de silencio hasta que sus padres les compren un televisor. Los niños actores son maravillosos, y Ozu en color es un regalo para los ojos: esta película es todo lo que Wes Anderson desearía ser.


Virginia Higa es escritora y traductora. Descendiente de japoneses e italianos, nació en Bahía Blanca en 1983 y vivió en Mar del Plata, Río Tercero y Buenos Aires, donde estudió Letras. Ha publicado relatos y reseñas en antologías y medios digitales. En la actualidad vive en Estocolmo, trabaja como traductora literaria (acaba de traducir Ocho, de Amy Fusselman) y da clases de español. Los sorrentinos, publicada por Sigilo, fue su primera novela.

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