Firma, aniversario y contexto

Una lectura arriesgada sobre el verdadero nacimiento de Jorge Luis Borges

SEBASTIAN HERNAIZ

El 24 de agosto se conmemora el nacimiento de Jorge Luis Borges. Esta vez, el 120 aniversario. Pero en este 2019 hay también otras efemérides, acaso más significativas, que podrían pensarse orbitando esa fecha. Se cumplen también 100 años de la primera vez que el escritor argentino firma un poema como Jorge Luis Borges. El poema “Himno del mar” inaugura la firma y se publica en una revista española con fecha del 31 de diciembre de 1919. En un principio –si hay un principio– hay entonces una firma y una fecha. Pero este año se cumplen además 80 años de la publicación de “Pierre Menard, autor del Quijote”, aquel texto que Borges consideró en muchas ocasiones su primer cuento y después del cual la literatura ya no volvería a ser la misma.

Se cumplen también 100 años de la primera vez que el escritor argentino firma un texto como Jorge Luis Borges. El poema “Himno del mar” inaugura la firma y se publica en una revista española con fecha del 31 de diciembre de 1919.


A la historia le gustan las simetrías y los leves anacronismos, pero es difícil vislumbrar las figuras que dibuja. En “El pudor de la historia”, Borges presenta una idea intensa al respecto: “yo he sospechado que la historia, la verdadera historia, es más pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas”.
Aniversarios de nacimiento y de “primeros” cuentos y poemas: tal vez las fechas no sean más que la expresión numérica de un azar, pero nos convocan una y otra vez, incesantes. Borges mismo anotó la paradoja que conllevan: “las fechas son para el olvido, pero fijan en el tiempo a los hombres y traen multiplicadas connotaciones” (1946). Y si bien el azar numérico que las constituye podría acaso anclarlas en el olvido, el propio Borges reconoce que inevitablemente “traen multiplicadas connotaciones”. De manera significativa, el reconocimiento de la importancia definitoria de las innumerables relaciones que un texto y un autor entablan con las fechas es la renovación intelectual que propone el cuento “Pierre Menard”.
Resulta curioso el derrotero que ha tomado la historia de los modos de leer a Borges. Si bien con frecuencia ha sido leído como un escritor desligado de las coyunturas políticas, es uno de los autores que han propuesto una política de la escritura y de la lectura de textos más radical en términos de sus vínculos con los contextos de producción y circulación. Con David Viñas podríamos decir: todo texto en su contexto. Una de las facetas de esa política literaria la encontramos en “Pierre Menard”, aquel cuento que Borges consideró su primera ficción.
Publicado en el número de mayo de 1939 de la revista Sur, “Pierre Menard, autor del Quijote” es la ficción de una nota necrológica que homenajea al personaje del título: “La obra visible que ha dejado este novelista –comienza el cuento– es de fácil y breve enumeración”. El comienzo se revela perfecto en el preciso momento en que esa “fácil y breve enumeración” de la obra del novelista no consigna ninguna novela: ¿quién es entonces Pierre Menard?
El crítico literario Daniel Balderston ha estudiado los vínculos entre la obra de Borges y los fenómenos históricos (Fuera de contexto, Beatriz Viterbo, 1996) y ha postulado una referencia cifrada en el nombre de Menard: Pierre Menard no es sólo un personaje de ficción de la obra de Borges, sino un médico francés que, además de haber sido autor de artículos sobre tiroidismo y de varios volúmenes que compendian “recomendaciones médicas para madres”, publicó en 1931 un libro que podría haber llamado la atención de Borges: un estudio sobre grafología y psicoanálisis (L´Ecriture et le subconscient), donde analiza las formas en que en los trazos de la letra manuscrita y las formas de la firma se concentran rasgos de la estructura psíquica de las personas. Si bien Borges no incluye en su relato más que algún guiño que podría remitir al médico francés, la referencia pone de relieve un elemento fundamental para pensar el cuento, la obra de Borges y la literatura en general: la inevitable materialidad de los textos. Materialidad que, por lo demás, se vuelve histórica en su inevitable cruce con las fechas.
Es ya célebre el proyecto de Pierre Menard: no copiar ni actualizar sino escribir de nuevo el Quijote, pero en el siglo XX. Y es célebre también la virtud que el narrador del cuento subraya en ese proyecto: “El texto de Cervantes y el de Menard –leemos en el relato– son verbalmente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico”. La “riqueza” del texto se debe a que Menard “ha enriquecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas”. Anacronismo y atribución errónea: fechas y firmas como formas de pensar lo estrecho de los vínculos entre textos y contextos de producción y lectura.

El cuento “Pierre Menard” sitúa su narración en 1939 y en 1939 se publica por primera vez. Años después, en su autobiografía (1970), Borges recuerda que “El día de Nochebuena de 1938 (año en el que murió mi padre) sufrí un grave accidente”. Será un día importante, ya que se hunde en una septicemia que lo mantiene internado y febril durante un largo tiempo. Al recuperarse –anota–, temía haber perdido la capacidad de escribir y leer. Autor hasta entonces de poemas y ensayos, Borges concluye por eso que, “si probaba algo que nunca había hecho antes y fracasaba, eso no sería tan malo y quizá hasta me prepararía para la revelación final. Decidí entonces escribir un cuento, y el resultado fue ‘Pierre Menard, autor del Quijote’”.
Es interesante el comienzo del recuerdo que Borges propone como origen de su relato, vinculando 1939 con el fin del año previo y la muerte de su padre. ¿Tienen algo que ver las fechas yuxtapuestas? Quizá no sea vano recordar que, tras la muerte de su padre, en el transcurso de 1939, Borges debe realizar algunos trámites de ocasión.
En esa fúnebre burocracia descubre un detalle en un texto: si bien desde niño había creído que su nombre completo era “Jorge Francisco Isidoro Luis Borges” –de donde recorta su firma de autor bajo el nombre compuesto de “Jorge Luis”–, en el acta de nacimiento sólo figuraba como Jorge Francisco Isidoro Borges. En ese 1939, tramita la modificación de su acta de nacimiento, para incorporar a la documentación oficial el “Luis”. Ni esa tediosa diligencia escapa a la política de reescritura que organiza la obra literaria del autor. Textos, fechas y firma: se cumplen este año muchos aniversarios y el pudor de la historia y las multiplicadas connotaciones que conllevan las fechas se entrelazan alrededor del “rudimentario arte” de leer y escribir.

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