Prontuario de una adolescencia

PAULA PUEBLA

Suomelinna es una novela de sutilezas y contrastes. Ahí donde la uniformidad del tiempo parece obturarlo todo, ahí donde los paisajes no pueden huir del blanco y se funden en ese color total, la ficción del catalán Javier Calvo enfatiza los síntomas de lo inquietante para mostrar la artificialidad de la quietud. Y lo hace a través de la vida de Mirkka Rislakki, la “Adolescente Problemática” de quince años que vuelve a casa por 48 horas para pasar la Navidad junto a su familia después de un año de reclusión en una correccional finlandesa.
Dividida en diez capítulos breves, la novela parte del incómodo reencuentro familiar para retroceder hacia los eventos que llevaron a la cárcel a la protagonista: una joven “bajita que tiene las caderas anchas y los pechos pequeños y feos, parecidos a esas bolsas medio llenas de agua que usan los niños para hacer guerras en el patio de la escuela”. Entre la rebeldía adolescente y “los páramos tóxicos de la vida adulta”, entre la efervescencia hormonal y lo aplastante de lo previsible, Mirkka recobra la libertad para aferrarse a dos posters de sus oscuras obsesiones: The Wicker Man y Mayhem. Con ellos deja que su conciencia regrese al mundo tal como era un año atrás y repasa sus días de libre opresión junto a las Cabras de Joulu, su pequeño grupo de pertenencia. Estos “cinco chavales con problemas de popularidad, unidos por el black-metal y por Suomelinna”, buscan esquivar su destino con el proyecto –nunca del todo pactado aunque siempre posible– de formar una banda. Atrapados entre el clisé ideológico y el cinismo característico de los isleños, los adolescentes ven allí una forma de resistencia a la blancura, literal y también metafórica, del entorno que se les impone como una bestia arrasadora. Para ellos, el black-metal “es una manifestación de todo lo que es bueno y puro y valiente dentro de nosotros. […] Es nuestro Norte Interior”.
Al mismo tiempo, en lucha contra el tedio del bienestar, Mirkka y sus amigos comulgan ideológicamente con el Partido Rural, un grupo robustecido de ultraderecha que se enfrenta a los ecologistas que buscan terminar con la caza de ballenas y, en consecuencia, también con lo que ellos sienten parte de su arraigado sentido nacionalista: “Los finlandeses llevamos miles de años cazándolas. Miles de años viviendo del mar. Es nuestra identidad lo que tiene una moratoria. Y si no luchamos, nos acabarán prohibiendo que seamos nosotros mismos”. Decepcionada demasiado pronto por la política, desilusionada por la imposibilidad de concretar su proyecto musical y por un primer desengaño en su educación sentimental, la joven Rislakki se verá cara a cara con el chivo expiatorio perfecto.

Javier Calvo compone así el retrato de una sociedad aburguesada a través de la excepción reactiva del personaje de Mirkka y por eso insiste en que “todas las cosas que pasan a su alrededor han pasado cientos de veces”. Subraya la importancia del orden, de la repetición, de la familiaridad y de lo circular porque allí, para esa sociedad adormecida, “todo cobra sentido”. Sin demasiados floreos, su narrador pone en evidencia cómo algo puede salir mal aun donde está previsto que todo salga bien y se vale de la naturaleza nórdica, helada y perfecta, y de los rasgos del Estado de Bienestar de los países más desarrollados para punzar sobre esta contradicción, esta pequeña anomalía de insurrección y violencia. “No es ninguna metáfora del mundo. Al contrario: el mundo es una metáfora de esta historia”, anota el narrador de la historia. Suomelinna borra los códigos y las contraseñas simbólicas para que, en la descripción, los hechos hablen por sí solos, es decir, para ahorrarse la caída en los intersticios de la moralización. Son sólo las palabras del abuelo de Mirkka las que reconfortan a la adolescente y, quizás, también al lector: “La gente hoy cree que la comunidad se construye yendo a misa y cuidando el jardín. Y eso son gilipolleces”. La novela de Calvo nos alerta de que la rebeldía, como gesto de rechazo, como pulsión vital, también puede encallar en el orden conservador.

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